Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas

7.11.2010

Portugal 2010

Portugal
Publicado el por  
 
 
 
  

Rate This
Portugal
En este relato de viaje no podré dejar de citar a Saramago.
En Viaje a Portugal escribe:
 “La felicidad, sépalo el lector, tiene muchos rostros. 
Viajar es, probablemente, uno de ellos. 
Entregue sus flores a quien sepa cuidar de ellas, y empiece. O Re empiece
Ningún viaje es definido”.



Las calles empedradas de Lisboa, con la lluvia como compañera.




Día
8 de mayo.
Llegamos a Barajas, las cenizas del volcán hacen que los aeropuertos se mantengan cerrados en el norte de Europa. TAP se niega a devolver el dinero del pasaje, hasta que luego de algunas horas de idas y venidas logramos volar.
Llegamos a Barajas, pero las cenizas del volcán mantenían cerrados los aeropuertos del norte de Europa. TAP se negó a devolver el dinero del pasaje, hasta que luego de algunas horas de idas y venidas logramos volar. Al llegar a Lisboa, fuimos hacia el puesto de Información, donde nos vendieron un pasaje fantástico válido para todas las líneas amarillas: bus, trole, funicular y elevador, por 3,50 €, con duración de un día entero.
                   
Desde lo alto del Elevador Santa Justa, Lisboa se despliega hasta el castillo de San Jorge.

Bajamos en la avenida indicada y la lluvia que nos castigaba hizo más costosa la caminata de las tres cuadras empinadas hasta el hotel Jorge V, habitación 602.
R. Mouzinho da Silveira 3, 1250-165 Lisboa, Portugal Teléfono+351 21 356 2525 
                                         

En la Plaza del Rossio, con su fuente y el inconfundible pavimento de olas.

Lisboa se nos muestra, está allí. Montamos al bus amarillo y bajamos en la plaza del Rossio, centro neurálgico de la Baixa desde tiempos medievales. La estación del Rossio es imponente: su estilo manuelino y sus dos grandes puertas en arco de herradura rompen con todo imaginario de lo que debe ser una estación.
      
La fachada manuelina de la Estación del Rossio, con sus imponentes arcos de herradura.

Atardecer en el Rossio: la estación se ilumina con los últimos rayos del día.

Un gran arco al fin de la Rua Augusta se nos presenta, es el Arco Triunfal, cuando lo traspasamos nos encontramos con la Plaza de Comercio, una galería con arcadas circunda en forma continua la plaza, en el centro una estatua de José I montado en un caballo, todo con grandes dimensiones. Como el Papa estaba por llegar a Lisboa, nos encontramos con un gran escenario armándose, eso hacía que las vistas hacia el río Tajo fueran escasas.
José I en su pedestal, en la Plaza de Comercio. Al fondo, el escenario que esperaba al Papa.

Hicimos cola para subir al elevador Santa Justa que está al final de la Rua de Santa Justa. Es una torre de hierro colado y decorado con filigranas, muy pintoresca, su interior está recubierta en madera. Las puertas se abren y cierran con llaves muy grandes. Toda una antigüedad. Por un puente se llega al Chiado, comenzaba la noche. Se veía toda una movida en el lugar. Regresamos a cenar al centro en “Nicola” comimos nuestro primer plato de bacalao.
                            

El Elevador Santa Justa, toda una antigüedad de hierro y filigranas en el corazón de la Baixa.
de mayo
Un
domingo en Lisboa, con lluvia.

Lisboa, con lluvia. Luego del mejor desayuno de todo el recorrido, salimos a la calle con algo de dudas: ¿Cuánto podríamos andar bajo esta lluvia, conociendo a esta nostálgica Lisboa?"
                       

A bordo del tranvía, el transporte más pintoresco y querido de Lisboa.

Desde la Plaza de Comercio trepamos al típico tranvía eléctrico, todo un símbolo de Lisboa. Sus asientos de madera, su traqueteo sobre las vías —que en algunos tramos el conductor corre a mano— y su recorrido desde el centro a nivel del mar, subiendo por angostas calles y corcoveando en otras, lo convierten en un medio de transporte único. Va de las calles más aristocráticas a las menos elegantes, atravesando la ciudad con una energía que hoy lucha por sobrevivir



        La terraza del Elevador Santa Justa, con Lisboa iluminándose al caer la noche.   

El castillo de San Jorge, donde la historia convive con la naturaleza.

                                       
El Castillo de San Jorge corona Lisboa desde lo alto, y nosotros lo recorrimos a pie, subiendo sin prisa por las callejuelas del Alfama. No había demasiada gente ese día, lo que nos permitió recorrerlo con calma, sin guía ni horarios, deteniéndonos donde queríamos. Caminamos por las murallas, nos asomamos a cada tronera, y desde allí Lisboa se abría entera ante nosotros: los tejados rojizos, el Tajo ancho y plateado, el puente 25 de Abril recortado en la distancia. Una de esas vistas que no necesitan explicación.
                                  
Desde la Plaza da Figueira, del siglo XVII, donde los edificios simples forman un conjunto equilibrado, se divisa el castillo de San Jorge. Atravesamos la plaza de Nossa Senhora da Saúde y llegamos al barrio de Alfama, el más antiguo y pintoresco de Lisboa, cuna del fado y corazón de la antigua mouraria (el barrio de los moros        

                                    


Ascendiendo se llega a la Basílica de la Estrella y su plaza. Como escribió Saramago: 'El río se esconde por detrás de una hilera de barrancones, pero se adivina'. Las plazas y veredas de Lisboa están realizadas en calcáreo blanco y negro, con dibujos llamativos que son ya una seña de identidad de la ciudad.

                    

Las callecitas de Alfama, con su ropa tendida y su vida cotidiana a la vista.

En una segunda vuelta, bajamos para llegar al castillo San Jorge, desde donde hay unas hermosas vistas de Lisboa.

                    







Desde las murallas del castillo de San Jorge, Lisboa se asoma entre los arcos.



Las ruinas del castillo de San Jorge dominan el barrio de la Alfama y el Tajo. Al regresar, almorzamos al pie del castillo: sardinas asadas y un buen espectáculo de fado, todo un festín para los sentidos

 Lisboa y el Tajo, vistos desde las murallas del castillo de San Jorge.

                  

Una charla con Fernando Pessoa en la puerta del café A Brasileira.


A Brasileira, abierto desde 1905, es uno de los cafés más emblemáticos de Lisboa. Su clientela histórica incluyó a intelectuales y artistas, y la estatua de Fernando Pessoa en la vereda, lo convirtió en parada obligada. Cuando lo visitamos, un joven animaba a los transeúntes a bailar frente a la entrada — todo un espectáculo improvisado que sumó alegría a la tarde




A Brasileira, el café donde Pessoa era cliente habitual

A Brasileira, en la calle Garrett 120, es una cafetería de estilo art déco donde la música y el baile acompañan siempre a los visitantes. Para finalizar el día nos fuimos caminando hasta la plaza del Chiado y comimos algo por el centro. Esa noche el Benfica salió campeón y debimos regresar al hotel a pie, con toda la hinchada festejando por la Avenida da Liberdade, de plaza en plaza. Mucho colorido.                                                                                                                               

                                                                                                                            Obra del ingeniero Raoul Mesnier du Ponsard, el Elevador de Santa Justa conecta el Baixa con el barrio del Chiado desde 1902.

+

Los azulejos de Lisboa no son solo decoración: son la memoria visual de una ciudad. El azul y el blanco de los azulejos portugueses tienen algo de cielo, algo de mar, algo de Lisboa misma.







La estatua del gran novelista portugués, Eça de Queirós, en la Plaza de los Restauradores, como si todavía tuviera algo que decirle a la ciudad.







Lunes 10 de mayo.

Partiendo en auto.

Por la mañana desayunamos en el hotel y fuimos en búsqueda del auto, nos entregaron un Toyota Yaria, con todas las recomendaciones e indicaciones, tanta amabilidad resultó costosa. (Hay que alquilar y pagar en Argentina) (Hay que hacer las investigaciones previas, depende del momento económico que se viva en Argentina)

Al retirar el auto, el empleado de la agencia nos apuró para salir cuanto antes: el centro de Lisboa estaba a punto de cerrarse por la visita papal.

Salimos hacia Belén, pero por cuestiones de seguridad (el Papa estaba por arribar) no se podía estacionar, entonces seguimos nuestro viaje a Sintra.

Sintra

Comenzamos a subir hacia Sintra. Las rutas están muy bien señalizadas en todo Portugal.

Sintra se encuentra en Extremadura es una villa portuguesa encantadora, con mucho verde, palacios, jardines con vista al mar.

Sintra, una villa de cuento entre el verde y el cielo

El Palacio Nacional de Sintra, con su elegancia manuelina y sus siglos de historia.

El palacio que vemos primero presenta variedad de estilos, desde la explanada hay una visión de otros castillos, palacios con mucho verde que arman hermosas postales.

                          Frente al Palacio Nacional de Sintra, el primero en recibirnos

     Desde la explanada, una postal de Sintra: palacios, castillos y verde por doquier

Luego visitamos el Castelo dos Mouros, un castillo medieval de calles empedradas. Desde lo alto, como siempre, las vistas son espectaculares.


La mañana entró por los postigos de madera antes que nosotros saliéramos a descubrirla.
Almorzamos en lo alto, frente a un paisaje natural de postal. La sobremesa tuvo música: unos cantautores entonaron fados con guitarra, y el momento se volvió inolvidable.



A Taverna: encontrada. El almuerzo, asegurado










Hortensias y azulejos: la postal perfecta de Sintra







Azulejos y agua: una fuente en Sintra, pequeña obra de arte en cada rincón.

Obidos

Luego de subir, bajar y perdernos por las calles, partimos hacia Obidos.

     Se la llama la “ciudad nupcial” porque los reyes portugueses, al casarse, le regalaban un castillo a sus esposas. El caserío, totalmente amurallado, que rodea y servía al castillo, se conserva como en la Edad Media.

Al recorrerla nos parece que somos personajes de un cuento cuya trama se
desarrolla en el medioevo.




El castillo de Óbidos, guardado por amapolas.


En Óbidos, sintiéndonos un poco medievales.

Adoquines, cal y azul: una calle de Óbidos


Azulejos de Óbidos: flores y pájaros en azul y blanco, una tradición que Portugal heredó y convirtió en arte propio.
Los azulejos forman parte del legado histórico-artístico de Portugal y es que los musulmanes los trajeron a la península ibérica cuando la conquistaron en el año 711 y Portugal los adoptó a partir del siglo XV para decorar los suelos y paredes de los castillos y palacios de los reyes.


Tanta belleza abre el apetito. Hicimos una pausa en la confitería Nicola

El Café Nicola, en la Praça Dom Pedro IV, es una institución lisboeta desde 1787. Escritores, artistas y políticos lo frecuentaron durante siglos. Cuando lo visitamos, era un lugar concurrido y con precios accesibles. Hoy sigue abierto, pero dicen los que volvieron que los precios ya no son los de entonces. 

La pastelería y las famosas pastéis de Belém son las más buscadas

 El plato típico de Portugal es el bacalao, aunque las sopas son infaltables.


                                    El mejor vendedor de postales de Óbidos

La entrada es por la Porta da Vila, hay un mirador interior, con el oratorio rodeado de paneles de azulejos azules y blancos, de allí a la calle principal, la Rua Directa, que llega a la plaza, a los pies del castillo, allí también se levanta la iglesia de Santa María. Ó Obidos es una ciudad fortificada. Su castillo es soberbio.

Las callecitas que suben y bajan, igual que el resto de estos lugares ofrecen su colorido y mercancías a los turistas, que siempre caemos en alguna tentación.

La plaza y la iglesia de Santa María, a los pies del castillo


Una Virgen contemporánea en el claustro medieval de Óbidos: la modernidad irrumpe sin pedir permiso

De
Obidos al Monasterio de Alcobaça.


    El acueducto de Óbidos, a tres kilómetros de la ciudad amurallada.

Alcobaça la iglesia y el monasterio

                        

Alcobaça: la luz dibuja su geometría en el suelo del monasterio.

Dicen Saramago en su libro “Viaje a Portugal”: “Lo que de notable tiene la fachada del monasterio es la perfecta integración de sus diferentes estilos, tanto más cuanto que el barroco con que culmina no hace ningún esfuerzo por aproximarse al gótico del portal”. Pag 220

Llegamos cansados a Batalha, donde todo —la plaza, el hotel, hasta la mirada— confluía en el mismo punto: el monasterio.


El Monasterio de Batalha, una joya del gótico manuelino portugués
La nave es muy profunda, imponente, aplastante. Realmente impresiona estar frente a esta gran iglesia. Dicen que no hay otra igual en Portugal.

                            

Ante esta nave, el silencio es la única respuesta

Martes 11 de mayo

Monasterio de Batalha,
Leiría, Coimbra.

Amanece lloviendo, hemos decidido hacer base en Batalha e ir a Coimbra para luego regresar al hotel que ya conocemos.

Caminamos hasta el monasterio de Batalha, (abadía de la batalla): Santa María da Vitoria.

                                       

Desde la ventana del hotel, el monasterio iluminado en la noche


 El altar mayor con las bóvedas góticas y los vitrales al fondo. Majestuosa

Es deslumbrante. Desde afuera parece inalcanzable, como todos los monumentos que vamos viendo en Portugal, la dimensión de uno se pierde en lo grandioso.

                     


Batalha de día: cada detalle es una obra en sí misma.

El pórtico es magnífico, una sucesión de arcos y columnas finamente decoradas. Su estilo es gótico tardío y manuelino, construido con piedra caliza a la que los años le han otorgado un color amarillo dorado. Lamentablemente, dicen que está siendo afectado por la lluvia ácida, y la carretera que pasa muy cerca socava lentamente sus cimientos.

                                       

Desde el claustro, la piedra caliza dorada de Batalha
      

El interior combina vitrales coloridos con arcos y columnas ricamente decoradas.

El claustro despliega jardines, fuentes y galerías que parecen no tener fin.

Imposible no quedar maravillado ante este monasterio: te atrapa, cuesta despedirse.

Seguimos hacia Leiría, Ángel cantaba:

¡Qué alegría
el castillo de Leiría!

¡Qué alegría
la lluvia en Leiría!

                 

Cuando el sol se dejaba ver, caminábamos por los exteriores del castillo. Se puede llegar en auto hasta prácticamente la entrada — aunque en aquel 2010 la entrada era gratuita, algo que hoy ya no existe. Como en todos los centros históricos, las calles de piedra dan un toque particular. Cuentan que fue una de las fortalezas más importantes del Portugal moro. Fue un placer caminar, trepar y guarecerse de la lluvia en este castillo donde había pocos turistas y el silencio acompañó el recorrido

Partimos hacia Coimbra, la ruta se hace lenta, los peregrinos que van hacia Fátima tiene derecho a media calzada, el ingreso a la tercera ciudad más grande de Portugal se hace complicado, luego de algunas vueltas llegamos al estacionamiento del mercado, buen lugar.

 La iglesia de Santa Cruz de Coimbra, con su fachada manuelina exuberante en la plaza principal.

Sentada junto a Inês de Castro


En el interior del monasterio descansan para siempre los protagonistas de una de las historias de amor más desgarradoras de Portugal: el príncipe Pedro e Inês de Castro. Ella, noble gallega y amante del príncipe, fue asesinada por orden del rey Alfonso IV en 1355. Cuando Pedro accedió al trono, la venganza fue implacable — y según la leyenda, hizo exhumar el cuerpo de Inês, la vistió con ropas reales, la coronó reina póstumamente y obligó a toda la corte a besarle la mano. Sus tumbas se encuentran frente a frente, para que al resucitar lo primero que vean sea el uno al otro


Comenzamos a caminar en busca de la Universidad. Frente a la iglesia de Santa Cruz tomamos un trencito eléctrico que serpentea entre callecitas estrechas llenas de autos estacionados. Luego, con las imágenes de los lugares ya grabadas, decidimos caminar para reencontrarnos con cada uno de ellos.

                        


Este órgano lo guardé también para Claudia, mi amiga organista de la Catedral de La Plata. Ella me enseñó a buscarlos cada vez que entro a una iglesia — y desde entonces, los órganos forman parte de mi mirada viajera.

La Sé Velha (la Catedral) del siglo XII, el Palacio del Arzobispado, la iglesia y Monasterio de Santa Cruz y la Universidad — una de las más antiguas de Europa — fueron algunas de las vistas que fuimos disfrutando. En la ciudad baja se encuentran los comercios y una gran plaza donde tomamos el cafecito de la tarde. El regreso a Batalha fue lento y tranquilo: silencio, un espectacular panorama y un buen descanso

Miércoles 12 de mayo

Santarém y Evora visitas
agradables y económicas.

Desde Batalha nos despedimos del monumental monasterio para ir al encuentro de Santarém, dejando atrás Fátima que, por la visita del Papa, estaba prácticamente 'invisitable'. En Santarém el estacionamiento es muy económico — dos horas por 1,20 € — el ingreso a los monumentos es gratuito y la gente se preocupa por orientar y guiar al visitante. 

 la Catedral de Santarém (Sé de Santarém), con su fachada barroca característica y las banderas amarillas del Vaticano — seguramente por la visita papal en esos días.


La Catedral de Santarém: su fachada barroca me empequeñece en las escalinatas.

Desde la plaza fuimos el convento de San Francisco del año 1240, un templo gótico que esta en restauro, impecable (casi demasiado).

El patio del convento se encuentra rodeado por profundas galerías. Los interiores dan cuenta de un restauro que parece haber borrado parte de la historia. Eso no quita su grandiosidad. La luz entra por los rosetones y crea hermosos espacios.

                                      

                            

Las galerías del convento de San Francisco: piedra, luz y siglos de silencio.

De allí al Seminario Jesuita donde está la catedral, la visita fue breve, había misa,

Nos guiaron por la rua Serpa Pinta calle comercial que nos fue conduciendo a las iglesias y monumentos y casas con variados azulejos en los muros exteriores.

                                          

Llegamos a la antigua basílica  de Sao Joao de Alporao, donde se encuentra el
museo Arqueológico, allí hay una gran tumba del siglo XV. De éste museo nos
acompañaron a la Torre de Cabacas, como en todo Portugal las grandes llaves abren las puertas y dan acceso a la historia. La torre acondicionada con escaleras de madera y descansos donde los libros electrónicos muestran la historia. Desde lo alto  una vista total de Santarém.

Luego ingresamos a iglesia de Gracia, dice Saramago “Pero hay que ver este magnífico rosetón sobre el pórtico, y este, de puro gótico flamígero, con un recuerdo claro de Batalha pero sin su riqueza de columnillas y arquivoltas. El pavimento de la nave está muy por debajo del nivel de la calle, lo que causa un efecto insólito en iglesias portuguesas”. (Pag 226).

                                          

La plaza nos ofreció un lugar para “picotear” algo y seguir el camino. Ángel está en un día de orientación total, salimos hacia Évora, ciudad histórica en el corazón del Alentejo.

La señalización de las rutas es muy clara. Tomamos la autopista lo que posibilita mayor rapidez y relax para quien maneja.

El Hotel Évora es espléndido, dudamos que fuera el seleccionado (Habitación 303).

  El Hotel Évora nos recibió con una sorpresa: dudamos de haberlo reservado hasta que la recepcionista confirmó nuestra habitación. El precio, increíble para tanto esplendor, lo disfrutamos hasta el último momento.          


Partimos hacia el casco histórico que se presenta como una gran fortaleza medieval, totalmente amurallado, donde conviven los monumentos, palacios mansiones, templos romanos, árabes del siglo XIV –XVI,  con casas, negocios de la ciudad, entre callejones, callecitas empinadas. Todo se recorre a pie entre un
laberinto de calles, imposible hacerlo si no se tiene un mapa bien señalizado.
Ángel definió el lugar como una célula con un núcleo central el cual se va
abriendo.

                                        

El laberinto de calles de Évora invita a perderse entre sus fachadas centenarias.

                           

El Templo Romano de Évora, del siglo I, se yergue imponente en el corazón de la ciudad, testigo de dos mil años de historia.


Vemos que algunas iglesias se convierten en museo para hacer muestras plásticas, otras están cerradas y otras muestran sus paredes cubiertas por mosaicos.

                       Una de las tantas iglesias del casco histórico — Évora guarda entre sus muros siglos de fe y arte.

El caminar hace que nos encontremos con otros turista, el tiempo se entremezcla con la charla espontánea, o el mozo brasileño que se ríe de la vida y acompaña nuestro consabido café de la tarde en la plaza central. Salimos en busca del auto, un estacionamiento público de 1€ el día.

                     Una mirada sobre Évora — la ciudad se despliega entre tejados y nubes sobre la planicie del Alentejo.

Muy cansados, sumamente contentos de la selección de lugares que vamos haciendo. No hay duda que en el camino irán quedando muchas cosas importantes que no hemos conocido, éstas que vamos aprehendiendo nos han parecidas magníficas. Mañana regresamos a Lisboa, mucho más moderna y con tantísimos contrastes.

A pie por Évora, la mejor manera de dejarse llevar por sus calles.

                                                                                          





En la Praça do Giraldo, el corazón de Évora, donde el café de la tarde y la charla espontánea hacen el viaje.

13 de mayo

Hacia Lisboa………..

Sin apuro salimos de Evora, antes de ingresar al centro de Lisboa entramos a conocer Belén.

Nos acercamos hacia la orilla del Tajo, donde se ve la torre de Belén. Lisboa era antaño la capital de un inmenso imperio marítimo, del que la Torre es el emblema.


Una proa de carabela en piedra blanca se lanza hacia el Tajo. Sobre sus flancos, los grandes protagonistas de la era de los descubrimientos portugueses.

 
En la explanada, un mosaico de mármol despliega una rosa de los vientos sobre un mapamundi: el mundo tal como lo soñaron los navegantes portugueses.



De allí cruzamos hacia San Jerónimo.

Frente al Monasterio de los Jerónimos, una gran fuente enmarca la entrada. El viento jugaba con el agua... y con nosotros.

                      


Bajo el sol de Lisboa, la Praça do Comércio y su rey de bronce reciben a los viajeros del mundo.


El Monasterio de los Jerónimos

Este monasterio fue construido en agradecimiento a los viajes donde encontraron especias, pimienta, canela, clavo de olor.

Una maravilla del estilo manuelino — esas bóvedas de la nave y el atrevimiento del transepto no tienen igual.

El mosaico en olas de la Praça do Rossio parece moverse bajo los pies. Lisboa, siempre cerca del mar.


En el Rossio, la plaza más animada de Lisboa, donde el pavimento ondulado parece moverse bajo los pies.

En la entrada está la iglesia, que se cubre de turistas y deja de tener las características propias de silencio. Grandes columnas, grandes espacios.

Nos habían recomendado probar la Pastéis de Belém, justo en la parada del tranvía. Estaba repleta de gente y con grandes colas de espera, decidimos dejarla. (Haga la cola, pruebe la pastelería, es única).

Tomamos el auto para ir al centro de la ciudad, dimos algunas vueltas para salir, llegamos al Hotel Fénix Urbano, con una arquitectura fría, seca. Una gran habitación, amplia y cómoda, eso sí. 

Salimos a pie. Lisboa no justifica el sacrificio de manejar en una gran ciudad. Solucionamos en TAP nuestra “desaparición” del vuelo. 

En mayo de 2010, la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull provocó una nube de ceniza que se extendió sobre Europa, obligando a cerrar el espacio aéreo de gran parte del continente durante semanas. Fue el mayor colapso de la aviación civil europea desde la Segunda Guerra Mundial — más de 100.000 vuelos cancelados y diez millones de pasajeros afectados. Nuestra reserva, realizada directamente, había desaparecido de todos los sistemas. La señora de TAP nos decía que el problema debíamos resolverlo con la empresa intermediaria — pero no había intermediaria. Yo me peleaba acaloradamente con ella mientras Ángel negociaba en el mostrador. En un momento nos llamaron: podíamos volar. Fue un vuelo extraño, en un avión grande que hacía giros inusuales — probablemente esquivando la ceniza — con algo de temor, pero llegamos a Madrid.




Desde las antiguas murallas, Lisboa se despide con la ciudad entera a sus pies.

14 de Mayo

Chau Lisboa.

Dejamos en el aeropuerto el auto y en 50 minutos aterrizamos en Madrid. Metro por medio al Hostal María Luisa (Hab 5) pequeña pero confortable.

Salimos a recorrer los alrededores disfrutando del centro de Madrid, cenamos con Viky en su depto quien nos agasajó con una comida mejicana. encontrarla en Madrid fue como un abrazo inesperado.

15 de mayo

Madrid nos dice adiós en
San Isidro.

San Isidro es el patrono de Madrid, por lo tanta el 15 de mayo es un día festivo, a esto se unió la conmemoración de los 100 años de la Gran Vía.
Una gran alfombre de 14 cuadras, cubrió con azul a esta avenida. Un escenario
montado nos posibilita por la mañana escuchar un ensayo de la orquesta y por la
tarde ver a Iñaki Urlezaga bailando tango de Piazola junto a un grupo de danza
argentino.

En la Gran Vía teñida de azul, Madrid nos regaló una despedida inolvidable

Los madrileños con trajes típicos de chulos y goyescos invadieron las calles céntricas. En realidad era un mundo de gente que iba y venía.

La mañana templada nos permitió caminar en el parque del Retiro, algunas fotos al Palacio de Cristal y aquellos lugares que nos iban atrapando.



Disfrutamos de los festejos. Terminamos de arreglar nuestro equipaje y en Metro al Aeropuerto de Barajas, allí lo desagradable de algunos empleados autoritarios del mismo aeropuerto. El encuentro con algunos de aquellos que viajaron en el tours y que como nosotros regresaban, charla anécdotas y un largo viaje de regreso.

              

El imponente Aeropuerto de Barajas nos despide — última imagen antes del largo vuelo a casa.

“Viajar es descubrir, el resto es simplemente
encontrar” (Pag 259)
J.Saramago.

“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje”

Viajar debería ser cosa de otro concierto, estar más y andar menos. J.Saramago.

 Las citas de J. Saramago son tomadas de: Viaje a Portugal.


                                   Lisboa cabe entera en un hueco de piedra. Adiós, Lisboa.

🏨 HOTELES DEL VIAJE A PORTUGAL — Datos de contacto actualizados

Lisboa — Hotel Jorge V 📍 R. Mouzinho da Silveira 3, 1250-165 Lisboa 📞 +351 213 562 525 🌐 hoteljorgev.com

Lisboa — HF Fénix Urban 📍 Av. António Augusto de Aguiar 14, 1050-016 Lisboa 📞 +351 213 515 000 🌐 hfhotels.com

Évora — Evorhotel (llamado Hotel Évora en nuestra visita) 📍 Av. Tulio Espanca, Ap. 93, 7002-502 Évora 📞 +351 266 748 800 🌐 evorahotel.pt

Batalha — Hotel Lis Batalha 📍 Largo Mestre Afonso Domingues 6, 2440-102 Batalha 📞 +351 244 765 260 🌐 lishotels.pt

Coimbra — sin datos

Madrid — Hostal María Luisa 📍 Calle Hortaleza 19, 2º, 28004 Madrid 📞 +34 915 21 16 30 🌐 hostalmarialuisa.com

Café en Tolosa, y otros.

 El café es mi ritual, mi pausa. Cada taza que encuentro en La Plata guarda un paisaje distinto: aromas, charlas, rincones que se reinventan...