7.19.2026

La Rioja Talampaya. San Juan Ischigualasto

TALAMPAYA

Villa Unión (La Rioja) es uno de los sitios más cercanos a Talampaya.

Reservamos un hotel: Cuesta de Miranda II (Ing. Bolloli 08, Villa Unión, La Rioja — Teléfono: 03825 53-8786).

Llegamos a la tarde. Los dueños fueron muy amables, con una buena habitación cercana al centro. El barrio no se percibe como el mejor, pero es tranquilo: se puede salir caminando y regresar sin problemas.

En la ruta 40 está una de las cuestas más hermosas de Argentina: la Cuesta de Miranda, entre Villa Unión y Chilecito. El camino de cornisa va subiendo hasta los 2000 msnm, es una ruta asfaltada desde donde se aprecian vistas hermosísimas. El río Miranda acompaña toda la subida, y se mezclan los colores verdes, rojos y ocres.



Llegar a Villa Unión, es acercarse a cumplir uno de los objetivos del viaje: Talamapaya. 

                     

                  Foto tomada en la parada de Los Petroglifos, sacada por el guía,                         que le enseñó a todo el grupo cómo tomarla en este punto del recorrido

Es necesario ir hasta la empresa Volterra, concesionaria del Parque Nacional Talampaya — la única y exclusiva forma de entrar. San Martín 80, Villa Unión. talampaya.com/nosotros

Las excursiones son caras: la de 4 hs cuesta aproximadamente 25 dólares por persona. No se puede entrar al parque por cuenta propia.

Conseguimos uno de los horarios: 14:30 hs.

Al ingreso hay un bar bien provisto, pero caro.

El guía del recorrido fue muy profesional y entretenido, organizado en 4 paradas que daban el tiempo suficiente para hacer fotografías y disfrutar de cada lugar. 

               El guía señalando uno de los petroglifos en la parada de Los Petroglifos.

El recorrido se hace a bordo del Triassic Truck, un camión doble piso adaptado especialmente para explorar el cañón. Todo el grupo compartió el trayecto entre las cuatro paradas: Los Petroglifos, el Jardín Botánico, La Catedral Gótica y El Monje.



El Triassic Truck, el vehículo en el que se realizó el recorrido con todo el grupo.

 A mitad de camino hay una parada donde invitan a probar frutos secos, frutas y otros productos típicos de la región.

Algunas imágenes del recorrido por Talampaya. 

                    
                        Árboles secos frente a las paredes rojizas del cañón.


Una de las paredes verticales de Talampaya.



Detalle de las rocas del cañón.



                   Las formaciones tipo columnas, hacia el final del recorrido.

Cuando estábamos por ingresar al parque, vimos en la ruta un cartel que anunciaba otros lugares para conocer. A unos 17 km de Talampaya existe una cooperativa de turismo armada por los lugareños, con un recorrido propio: Pueblo Perdido y Cañón del Arco Iris. Es muy difícil hacer esto y Talampaya en el mismo día.

Organizándose bien con los horarios, mucha gente combina Talampaya e Ischigualasto en una sola jornada.

Esa noche comimos muy bien en un restaurante llamado Las Palmeras — veníamos muy castigados con las comidas.

San Juan


Parque Provincial Ischigualasto

Villa San Agustín, San Juan

Fue declarado Área Protegida por el Gobierno de la Provincia de San Juan el 3 de noviembre de 1971 por su valor paleontológico principalmente. El Parque se encuentra ubicado al noreste de la provincia de San Juan, en los departamentos de Velle Fértil y Jáchal.

Recorrer los distintos lugares del parque, unido al relato certero del guía hace mover muchos sentimientos. La belleza, la tierra con piezas valiosas y extrañas. También escuchar como muchas de esas piezas paleontológicas son depredadas por distintos personajes, para vender, decorar algún hotel. 

                   


A la entrada del parque, un guardián de otro tiempo: la réplica del esqueleto de un dinosaurio da la bienvenida y anticipa lo que se viene. No es casualidad que Ischigualasto sea conocido mundialmente como el "Valle de la Luna" y a la vez uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del planeta — aquí se hallaron algunos de los fósiles de dinosaurios más antiguos jamás encontrados.


El recorrido por Ischigualasto se hace en caravana, guiados por un baqueano que conoce cada rincón del valle. Con explicaciones detalladas, hasta que en una nueva parada nos invita a caminar entre senderos de arena y piedra. Ahí uno va descubriendo por qué a este paisaje lo llaman lunar: las formas erosionadas por el viento y el agua durante millones de años parecen esculpidas por otra mano, ajena a la de este mundo.

                        

El circuito continúa en auto hacia otro sector del parque, donde el paisaje cambia por completo: las tonalidades grises y blancas quedan atrás y aparece el rojo intenso de las formaciones, resultado de capas de sedimentos con distinta composición mineral. Cada parada del recorrido guiado revela un color, una textura, una historia geológica distinta.

                            


Y entre todas las formaciones, una de las más sorprendentes: cientos de esferas de piedra desparramadas por el suelo, casi perfectamente redondas, como si un jugador gigante hubiera abandonado la partida a mitad de camino. Son concreciones geológicas, formadas por la acumulación de minerales alrededor de un núcleo a lo largo de millones de años. El lugar invita a jugar: las bochas parecen a punto de moverse, y no pudimos resistirnos a fotografiarlas desde todos los ángulos posibles.

                                 



Y para el cierre, la imagen que todo el mundo asocia con Ischigualasto: El Hongo, con su base angosta sosteniendo un disco de piedra que parece desafiar el equilibrio. Millones de años de viento y agua tallaron esta escultura natural, la más fotografiada del parque y la que mejor resume lo que es este lugar — un valle donde el tiempo se volvió forma.

Algunos datos, es importante dormir en San Agustín, cercano al parque, nostros lo hicimos en HOstería Valle Fértil. Muy buena experiencia. 

 
San Juan



                                                         
 
Llegamos así a la Casa Natal de Sarmiento, restaurada y puesta en valor con verdadero cuidado. Una guía nos ofreció una visita gratuita, excelente, que hicimos despacio, escuchando cada anécdota que compartía con nosotros.  
                                               




Nos detuvimos frente al telar de Doña Paula, imaginando sus manos tejiendo mientras el futuro prócer daba sus primeros pasos cerca de allí.

                                                     

 La cocina, con su gran campana blanca sobre el fogón y el viejo aparador de vasijas de barro, nos habló —aunque con algo de licencia poética de la restauración— de la vida cotidiana de aquella familia.

                                                

Nos despedimos de pie en uno de sus espacios abiertos, con la sensación de haber cerrado un círculo.

 

San Agustín del Valle Fértil, San Juan — Hostería Valle Fértil
📍 Rivadavia 281, San Agustín del Valle Fértil, San Juan
📞 02646 420015
(Muy buena experiencia; ideal por su cercanía al parque)

Villa Unión, La Rioja — Cuesta de Miranda II
📍 Ing. Bolloli 08, Villa Unión, La Rioja
📞 03825 53-8786

San Juan (capital) — Viñas del Sol
📍 Ruta 20 y Gral. Roca, 5411 San Juan, Argentina
📞 0264 4253921


4.30.2026

Indice



 Índice 

Todos nuestros viajes

Un recorrido por todos los destinos que hemos visitado y contado en este blog.

Argentina

Buenos Aires y La Plata

Europa

Turquía

América Latina




                      
Vista de Roma con la cúpula de la Basílica de San Pedro al fondo desde la calle

Un libro abierto en capítulos que se escriben al andar.

Este espacio reúne relatos que dialogan entre sí como páginas de un mismo cuaderno. Cada entrada es un capítulo: preparación, caminos, idiomas, recuerdos. Un mapa de opciones que se despliega mientras viajamos.

1. El idioma como llave Cada destino guarda puertas distintas, y el idioma puede ser la llave que nos abre a la confianza y la libertad.

2. Mapas de opciones Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.

3. Viajar acompañado, viajar libre Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.


2.26.2026

Café en la Plata: café Tolosa, y otros.

 El café es mi ritual, mi pausa. Cada taza que encuentro en La Plata guarda un paisaje distinto: aromas, charlas, rincones que se reinventan sin perder su raíz.
Feregotti café.

En Tolosa, la pinturería Feregotti sigue mostrando su herencia de trabajo y colores.

Pero en el rincón donde antes se exhibían tachos y paletas, hoy se enciende otro paisaje: un café. ☕
La cuadra respira tradición y novedad al mismo tiempo.
El hierro y la pintura conviven con el aroma dulce del café y la charla ligera de la vereda.
Un barrio que se reinventa sin perder su raíz.

ABIERTO de martes a domingo.
7 523 y 523bis
Tolosa, La Plata.


VIANE ~ Cocina Encuentro & Despacho

 

Buscando otro sabor, en La Plata hay variedad de café en distintos rincones de la ciudad. Así llegamos a Viane en 12 y 44. Un espacio amplio, donde se puede acompañar un café con pastelería variada , brunch. Recomendable.



Viane.taplink.site
Lun. a Vier. de 7:30 a 20:30 hs.
Sábados de 8:00 a 21hs.


















2.17.2026

El idioma como llave



 El idioma como llave

Cada destino guarda puertas distintas, y el idioma puede ser la llave que nos abre a la confianza y la libertad.
Cada viaje guarda sus propias puertas. Algunas se abren con mapas, guías, hoy la IA, internet; otras con la sonrisa de un acompañante, una buena guía; y otras —las más sencillas— con ese gran poder de la comunicación: el idioma.
En Marruecos, como antes en Turquía o Croacia, esa llave no estaba en nuestras manos. Las palabras sonaban como música desconocida, y entonces elegimos el camino del paquete turístico: alguien que traduce, que organiza, que acompaña. Esa decisión nos dio cierta tranquilidad, fruto de muchas charlas previas con el agente de viaje. En nuestro caso, siempre nuestra querida Mora, desde Oggiono, la empresa turística que supo transformar dudas en certezas y ofrecernos la seguridad de un mapa ya trazado.
                             


En cambio, el sur de España nos espera con otra llave: la lengua compartida. Allí podemos preguntar, improvisar, decidir sin miedo. El idioma nos abre puertas que de otro modo quedarían cerradas, y nos permite viajar por cuenta propia, con libertad y confianza.
Viajar, al fin, es aprender a reconocer qué llave necesitamos en cada destino. A veces es la llave del idioma, otras la del acompañamiento, y siempre la de la curiosidad que nos impulsa a cruzar umbrales nuevos.

Mapas de opciones.

 Mapas de opciones

Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.
Planear un viaje es como desplegar un mapa lleno de caminos posibles. No se trata solo de elegir un destino, sino de dibujar alternativas que nos den tranquilidad: hoteles con reservas cancelables, con parking, en lugares accesibles, rutas alternativas.
Cada opción es una llave que abre un margen de libertad. En Marruecos, el paquete turístico nos asegura que alguien ya trazó el recorrido; en el sur de España, somos nosotros quienes dibujamos las líneas, con el idioma como aliado.
El mapa no es rígido: es un cuaderno de posibilidades. Allí anotamos precios, horarios, nombres de ciudades, pero también dejamos espacio para lo inesperado. Porque viajar no es solo cumplir un itinerario, sino permitir que la sorpresa se convierta en parte del trayecto. Hay fiestas o fechas que complican el recorrido de determinadas ciudades; si el tiempo lo permite, conviene organizar los viajes libres con cierta anticipación, para ir ajustando los cambios necesarios.
Siempre se dice que el viaje tiene tres partes: la preparación, con toda la emoción, consultas, ansiedad y dudas que ello conlleva; el viaje en sí, su recorrido donde otro mundo se abre a nuestro mundo; y, por último, el recuerdo, que día a día revive lo vivido.
                                  


Así, cada viaje comienza mucho antes de subir al avión: empieza en el momento en que desplegamos nuestro mapa de opciones y decidimos que la aventura será también un acto de libertad.

Viajar acompañado, viajar libre

 Viajar acompañado, viajar libre

Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.

Hay viajes que se abren como un libro guiado, algo establecido: iremos por acá, regresaremos en este horario, tendrán libre la tarde. Alguien ya trazó las páginas, los recorridos, los horarios.

Uno se deja llevar, confiando —o no tanto— en que la historia está escrita y que cada capítulo se desplegará sin sobresaltos. Así fue en Eslovenia, Croacia y Turquía: culturas distintas, idiomas que sonaban como música lejana, y la tranquilidad de tener un paquete turístico que nos sostenía junto a guías muy expertos. Sobre todo en Croacia.

                   

                          Vista panorámica de Liubliana, Eslovenia, desde el castillo.

Marruecos también se nos presenta así: un viaje con paquete, previo a España. Colores intensos, aromas que nos envuelven, y la seguridad de un itinerario armado que nos permite descansar en la certeza de que alguien más sostiene el hilo del relato. Es el último capítulo escrito por otros antes de abrir el cuaderno en blanco.

Porque hay otros viajes que se parecen más a un cuaderno vacío.

 Allí somos nosotros quienes dibujamos el mapa, quienes decidimos dónde detenernos y qué caminos tomar. El sur de España será así: con el idioma como llave y la libertad de improvisar. Cada reserva de hotel, cada itinerario, se convierte en una elección propia, en un gesto de confianza en nuestra manera de andar. Surgen dudas, muchas; nada está resuelto, todo es desconocido. Buscamos ayuda: hoy la IA es una gran aliada, en otros tiempos eran los libros. Muy poco o casi nada internet. Llevábamos en nuestro equipaje la famosa Guía Michelín, que pasaba de mano en mano.

Ambos estilos tienen su encanto. El viaje acompañado nos regala seguridad y descanso; el viaje libre nos ofrece descubrimiento y autonomía.

Quizás lo verdadero sea aceptar que no hay viaje totalmente guiado ni totalmente libre: siempre llevamos algo de mapa y algo de improvisación. Y en esa mezcla, descubrimos que viajar es, en el fondo, aprender a vivir con confianza.


11.19.2025

Capadocia





 


Capadocia.


                                   

     
La Pausa mirando más allá

Capadocia nos recibe con un corazón en lugar de letra.

El paisaje se insinúa detrás: piedra que escucha, vuelo que se eleva, mercado que respira, caminos que se abren, suelos que guardan imágenes.



                     Casas, cuevas y siglos apilados bajo el cielo de Anatolia.

Capadocia es una región histórica en el corazón de Turquía, conocida por sus formaciones rocosas únicas, sus ciudades subterráneas y sus viviendas excavadas en la toba volcánica.
A lo largo de los siglos, fue habitada por hititas, persas, griegos, romanos y bizantinos: un cruce de culturas, de rutas, de memorias.
Hoy, sus paisajes lunares y su patrimonio espiritual la convierten en un lugar de contemplación y asombro.

Capadocia: el comienzo de otro asombro


Viajar a Turquía va mucho más allá de conocer Estambul.
Descubrimos que Estambul es inmensa, llena de capas.
Lo único que uno logra es recorrer algunos lugares icónicos.
Lo demás queda allí… como promesa suspendida, como esperanza que respira en lo no visto.
Desde allí, nos trasladamos en bus hacia un aeropuerto moderno, de dimensiones sorprendentes.
Íbamos con el grupo y el guía, ya envueltos en esa complicidad que nace entre viajeros.
Volamos a Capadocia.


                   
          El aeropuerto de Estambul: una ciudad dentro de otra ciudad.
Los primeros pasos en esta tierra fueron como entrar en otro lenguaje. Rocas, desniveles, pendientes abruptas… pero sobre todo, formas sobresalientes, extrañas, como si alguien hubiese jugado a construir castillos en la arena. 
Un paisaje nunca visto, distinto a todo lo que la mirada conoce. Un lugar que no se parece a ningún otro.
Así comenzaba nuestra travesía:
entre rocas que desafían la lógica,
y un asombro que apenas empieza a latir.

Capadocia por tierra, el silencio donde la piedra respira 


En cada imagen se percibe el misterio, la espiritualidad y la arquitectura como refugio. Capadocia se ve tallada en la roca. La piedra respira, y nosotros aprendemos a escuchar.


Continuamos caminando.

La roca tallada aparece frente a nosotros como una presencia viva.

Los árboles se insinúan entre los senderos. No sabemos qué vendrá.

Todo es distinto, como si estuviéramos entrando en una tierra que no nos pertenece del todo.

Las piedras inmensas guardan secretos.

Las ventanas son mínimas, los pasajes estrechos.

Nos cuentan que aquí vivieron monjes, cazadores, agricultores.

Un lugar de recogimiento. De vida austera.

El silencio es profundo, casi absoluto.

Solo se interrumpe por nuestra presencia, por el murmullo de los turistas que, como nosotros, intentan comprender.

Me pregunto si no estamos de más en este sitio casi sagrado.

No me atrevo a subir. Hay algo en esa altura que exige respeto.

Tal vez el verdadero ascenso no sea físico, sino interior.


La contemplación abierta 


El paisaje cambia. Se abre, se extiende. 
Las rocas siguen talladas, pero ahora hay campos verdes, árboles dispersos, una sensación de amplitud que invita a mirar más lejos.
Nos detenemos. 
La vista alcanza una meseta con estructuras excavadas, como si la montaña misma hubiera sido habitada. 
Todo parece suspendido entre lo natural y lo humano, entre lo que fue y lo que permanece.

                            


                                  
Capadocia no solo se eleva: también se hunde.
Bajo sus paisajes lunares, la piedra guarda secretos.
Ciudades subterráneas, talladas en toba volcánica, se extienden en profundidad.
Túneles estrechos, chimeneas de aire, pasajes de sombra y resistencia.
Refugios en tiempos de guerra.
Arquitectura del silencio.
Diseñadas para sobrevivir.

Para proteger la vida.


                 
                         Dentro de la roca, la luz encuentra su camino.

Me apasionan estas historias donde la ingeniería natural se vuelve aliada.
Los sistemas de ventilación creaban ambientes saludables,
y el agua que consumían era de excelente calidad,
protegiendo a los habitantes de enfermedades.
Hay numerosos edificios religiosos.
Lo que sugiere que, además de la caza y la agricultura,
existía una vida monástica.
Caminamos con cuidado sobre esa tierra pedregosa.
Un resbalón puede arruinar el viaje.
Las recomendaciones abundan.
Vimos alguna caída dolorosa.



     
              Dentro de la roca, la luz encuentra su camino.

                                            Desde afuera.



Mirábamos. Recorríamos. No sabíamos qué venía después. No había caminos, solo espacios excavados en la piedra: iglesias, casas, refugios de una vida tan distinta a la nuestra que parecía de otro tiempo.  

¿Era esto real? ¿O un sueño tejido por los relatos del guía, que nos conducía hacia lugares donde la piedra hablaba en susurros.

Entonces, desde afuera, con la luz bañando una tierra desconocida, me acerqué a una realidad que parecía irreal.
Como si lo vivido adentro me hubiese enseñado a mirar con otros ojos.


Capadocia

Llegamos a Capadocia por tierra, envueltos en relatos que el guía hilaba como cuentos antiguos. En el bus, nos cobraron el vuelo que aún no sabíamos si sería posible.
El cielo nos esperaría. El clima debía ser sereno, sin viento, con buena luz.
Si todo se alineaba, saldríamos a las cuatro de la mañana.
A las cuatro de la mañana, el silencio era distinto. No dormía: esperaba. Los globos se inflaban como promesas, y el fuego dentro de cada uno parecía encender también algo en nosotros.
El guía había dicho:
“Si el viento lo permite, volamos”. Y el viento, esa vez, nos dijo que sí.





El cielo aún está en penumbra, los globos se inflan como sueños que se preparan para elevarse.

                     


             El amanecer se puebla de globos: cada uno, una historia que se eleva.

Nota al pie – Contexto sobre los vuelos en globo en Capadocia

Volar en globo sobre Capadocia es una de las experiencias más emblemáticas del viaje.

Cada mañana, si el clima lo permite, entre 150 y 200 globos surcan el cielo al amanecer.

La actividad comienza entre las 3 y las 5 de la madrugada: recogida en el hotel, desayuno ligero, traslado al punto de despegue.

Las condiciones para volar son estrictas: se requiere cielo despejado, sin viento fuerte ni niebla.

Es la Aviación Civil de Turquía quien autoriza los vuelos cada día.

El recorrido suele durar una hora, sobrevolando valles como el de las Rosas, el Rojo, el del Amor y el Castillo de Uçhisar.

Para muchos viajeros, este vuelo simboliza el momento en que el viaje se eleva:

una pausa suspendida entre tierra y cielo, donde el silencio y la belleza se funden en lo alto.



                    La tierra se vuelve mapa y la mirada se expande.

Capadocia desde el aire.

El amanecer se llenó de globos, comenzó el ritual del vuelo: subir a los canastos, divididos en cestos, buscando siempre el borde, ese lugar donde la mirada se expande.
No queríamos perder nada.
Los colores del amanecer pintaban las telas. El fuego rugía.
Los pilotos manejaban con precisión ese arte suspendido. Al principio, parecía que no subíamos, que estábamos estancados en el suelo.
Pero en algún momento, sin aviso, comenzamos a elevarnos.
Desde arriba, la tierra se volvió textura: caminos que serpentean, rocas que guardan secretos, campos que respiran, ciudades que juegan con los desniveles.
Todo se volvió mapa.
Todo se volvió memoria.


                 
Desde arriba, a unos 300 metros del suelo,
el panorama es completo. Único.
Caminos. Fondos montañosos. Amanecer.
Desniveles. Viviendas. Árboles.
Colores que el amanecer pinta.
No da tregua.
Está todo junto.



  
















Cuando el cielo se despide



Y cuando el cielo se despide, no es el fin, es apenas una pausa. El aire guarda
lo que no dijimos, y las rocas, pacientes, esperan el próximo vuelo.



Los caminos que serpentean entre las casas parecen trazos de una caligrafía antigua.
Siento que el recorrido va finalizando. 
Vimos, palpitamos un suelo distinto, único. Desde el aire, todo se va apagando con serenidad.  
Lo que sigue será el andar entre los desniveles: el paso lento, la piedra, el juego suspendido.



El pueblo detrás


Estamos acá, en una Capadocia ya alejada de lo aéreo.
Esto es tierra, pero sigue siendo ese pueblo que se asoma detrás de cada formación.
Hay algo infantil en esta pausa, casi como una invitación al juego. Columpios decorados. Ositos suspendidos. Aromas que no nos pertenecen.
Nos sentamos. Miramos. Contemplamos.
Solo dejamos que el lugar nos roce, como el viento que empuja suavemente el vaivén.
Nos amacamos en esos columpios decorados, con el café tibio entre las manos.
El té tenía gusto a granada.
Todo era de ellos, de esa cultura que miramos con asombro.
Nos dejamos tocar por el aroma, por la piedra, por el juego suspendido.
Y seguimos el camino entre los desniveles.

Escena de mercado




La imagen fue tomada con respeto, sin invadir. Es la única que se dejó capturar con claridad, como si el lugar nos ofreciera un instante de permiso.

El recorrido a pie nos llevó a este rincón pintoresco. 
Camellos que esperan, un pony con mirada quieta. 
El negocio se abre como escena: objetos, aromas, voces que no entendemos del todo.
Ellos hacen el esfuerzo por vender: una imagen distinta, un recuerdo de esas tierras.
Nosotros miramos, observamos, dejamos pasar. Nos detenemos. La imagen vale más que el paseo.

Mirada desde la piedra


Capadocia se despide desde la piedra.
Las casas parecen crecer desde el suelo,con balcones, escaleras, puertas que se abren al cielo.
Todo sigue ahí:la roca, el aroma, el juego suspendido.
Pero nosotros seguimos el camino.
Nos alejamos con la mirada llena.
Como si el paisaje hubiese escrito algo en nosotros.

Despedida


Nos estamos despidiendo de Capadocia. Son las últimas miradas: un arco decorado, al fondo el castillo de Uçhisar, tallado en piedra, testigo de siglos.
El cuerpo se prepara para partir. La mirada se queda un instante más.
Serán otros paisajes.
Otras historias.
Pero esta, ya nos habita.

                                               


La Rioja Talampaya. San Juan Ischigualasto

TALAMPAYA Villa Unión (La Rioja) es uno de los sitios más cercanos a Talampaya. Reservamos un hotel: Cuesta de Miranda II (Ing. Bolloli 08, ...