4.12.2026

Colombia, Bogotá, Botero, Catedral de la Sal, Zipaquirá

 

Viaje Colombia

Preparativos, idas, vueltas, charlas, mapas, lecturas: todo nos ayuda para programar el viaje. Siempre existe una gran ansiedad, producida quizás por la incertidumbre que rodea a un lugar desconocido.

Partimos con Aerolíneas Argentinas desde Ezeiza y llegamos al aeropuerto: El Dorado, Bogotá, en horario y con un buen vuelo.

Nos esperaba un taxista previamente contratado, un señor muy amable que fue respondiendo como pudo a tantos interrogantes. Nos trasladó hasta el Hotel Ibis Museo (habitación 1113).

Una llovizna transformada en lluvia nos acompañó en el camino. Nos tomamos un buen rato para reponernos del vuelo y de la noche que no dormimos.

Tarde de Botero

Salimos en busca de un puesto de información turística y a caminar hasta donde las piernas respondieran. 

En nuestra búsqueda de orientación, encontramos este pequeño pabellón neoclásico que funciona como centro de información turística. Elegante y discreto entre los árboles, parece más un capricho arquitectónico de otra época que una oficina de mapas y folletos. Bogotá tiene esa capacidad de sorprender en los detalles.

Los mapas nunca fallan, aunque a veces haya que debatirlos. Dos arquitectos, un plano y Bogotá por descubrir.

A paso rápido, por la Carrera 7, llegamos hasta la Plaza Bolívar y de allí al Museo Botero.    

Un escarabajo convertido en obra de arte circula por La Candelaria. En Bogotá, la creatividad no tiene límites.


El patio colonial del complejo cultural del Banco de la República, que alberga el Museo Botero, el Museo del Oro y otras colecciones. Bogotá tiene una oferta cultural extraordinaria.

Las figuras voluminosas de Botero siempre me intrigaron y atrajeron. Hay algo en esa exuberancia de formas, en esa abundancia casi desafiante, que no te deja indiferente. Luego de recorrer el museo, quedé atrapada entre sus pinturas y esculturas como quien cae en un sueño lúcido: todo es exceso, pero un exceso que tiene alma. Una cosa es ver sus imágenes reproducidas en libros o pantallas; otra muy distinta es plantarse frente a ellas, sentir su escala, dejarse envolver por esa humanidad redonda y generosa que Botero supo tallar y pintar como nadie. Porque detrás de la forma hay un mensaje: un profundo contenido social que el artista colombiano nunca abandonó, y que se hace aún más evidente en un detalle que me pareció hermoso: la entrada al museo es gratuita. Gratuita y abierta, no solo para los colombianos, sino para el mundo entero. Como si el propio Botero hubiera querido que su arte no tuviera dueño.

                           

                             Una figura de Botero, descansa con serenidad

31 de julio

Es bueno despertar mirando una ciudad desconocida, enmarcada por montañas. Las nubes acompañan la buena vista.

Nos pasa a buscar por el hotel el chofer Adonardo: puntual, subimos a su auto y comenzamos a transitar por calles con mucho tráfico. La amabilidad y la forma de comunicar son sus características sobresalientes.

Si bien teníamos alguna información sobre la Catedral de Sal de Zipaquirá, estábamos muy lejos de acercarnos a la realidad.



La indumentaria de los mineros que trabajaron estas galerías durante siglos. 
El túnel de acceso anticipa la escala y la oscuridad de lo que está por venir.

             Las siluetas humanas dan la escala de lo que se viene.


Un ángel tallado en sal anuncia su mensaje en la penumbra de la Catedral. La luz y la sombra se convierten en parte de la obra.

                                             

En las entrañas de la Catedral de Sal. La montaña nos envolvía, la luz hacía el resto.



                    Una lechuza de sal se esconde entre las raíces del árbol tallado.      



Hasta a 180 metros bajo tierra se puede tomar un buen café colombiano. La Catedral tiene su propia cafetería con bebidas temáticas para reponer energías después del recorrido.

                                  

La nave central de la Catedral de Sal de Zipaquirá. Tallada en la roca a 180 metros bajo tierra. Única!! 

  


La nave principal de la Catedral de Sal. Una de las obras de arquitectura religiosa más extraordinarias de América Latina.


Una cruz tallada en la propia roca de sal. Cada estación tiene su propio lenguaje visual, su propia manera de contar la historia.



El instante eterno del toque divino, recreado en mármol en las profundidades de la Catedral. Las grietas de la piedra parecen parte del diseño.


El recorrido sigue las 14 estaciones del Vía Crucis, cada una tallada en sal con esculturas de notable valor artístico.


Al final del recorrido por las distintas estaciones, nos esperaba una sorpresa serena: un espejo de agua de una quietud casi irreal. En ese espacio de penumbra y silencio, los reflejos se multiplican y el agua devuelve imágenes que invitan a detenerse, a respirar, a dejar que el lugar haga su trabajo. Después de tanto caminar y tanto asombro, ese remanso tiene algo de necesario.


De regreso, con la montaña ya en el recuerdo y el sol de Zipaquirá despidiendo.

Cerro Monserrate

Por la noche subimos en funicular al cerro Monserrate. El servicio sale cada diez minutos, así que la espera es breve. La recompensa, en cambio, es enorme: desde la cima, Bogotá aparece iluminada en toda su extensión, una imagen que difícilmente se olvida. Ver la ciudad desde lo alto, de noche, es una de esas experiencias que justifican la subida.


En la cumbre hay restaurantes — entre ellos el San Isidro y el Casa Santa Clara —, cafés y puestos de comida rápida. Al regresar, desde la base se llama a un taxi sin dificultad.

Información útil: El funicular funciona de lunes a sábado de 6:30 a 22:00 hs. y los domingos de 5:30 a 17:00 hs. El último servicio nocturno parte a las 12 de la noche. Conviene llegar con tiempo, ya que suele haber colas para comprar los tickets.


Hacia Cartagena de Indias

El 1 de agosto, un vuelo de LAN nos llevó desde Bogotá hacia Cartagena de Indias. Desde el aire pudimos ver por última vez esa ciudad que tan bien nos había recibido. En esos días de visita intensa fuimos descubriendo la amabilidad y el respeto de los colombianos, una cualidad que nos acompañaría durante todo el viaje.

Al llegar nos instalamos en el hotel Tres Banderas, céntrico, en pleno casco histórico. Sin perder tiempo salimos a caminar por esas calles angostas: la Torre del Reloj, la Plaza de los Coches, el Portal de los Dulces con sus frascos de dulces típicos alineados bajo los arcos. Una primera noche que terminó con una cena de muy buen sabor en un restaurante cercano al hotel.

2 de agosto

Por la mañana recorrimos la ciudad con un guía: iglesias, conventos, plazas, hoteles de lujo que conviven con la piedra colonial. Terminamos con una comida rápida y un descanso bien merecido — el calor y la caminata lo pedían.

Por la tarde fuimos hasta la muralla. El sol caía lentamente intentando tocar el mar, y los colores del cielo se iban transformando en algo difícil de nombrar. Nos quedamos en quietud, mirando. Algunas cosas no necesitan palabras.


2.26.2026

Café en Tolosa, y otros.

 El café es mi ritual, mi pausa. Cada taza que encuentro en La Plata guarda un paisaje distinto: aromas, charlas, rincones que se reinventan sin perder su raíz.
Feregotti café.

En Tolosa, la pinturería Feregotti sigue mostrando su herencia de trabajo y colores.

Pero en el rincón donde antes se exhibían tachos y paletas, hoy se enciende otro paisaje: un café. ☕
La cuadra respira tradición y novedad al mismo tiempo.
El hierro y la pintura conviven con el aroma dulce del café y la charla ligera de la vereda.
Un barrio que se reinventa sin perder su raíz.

ABIERTO de martes a domingo.
7 523 y 523bis
Tolosa, La Plata.


VIANE ~ Cocina Encuentro & Despacho

 

Buscando otro sabor, en La Plata hay variedad de café en distintos rincones de la ciudad. Así llegamos a Viane en 12 y 44. Un espacio amplio, donde se puede acompañar un café con pastelería variada , brunch. Recomendable.



Viane.taplink.site
Lun. a Vier. de 7:30 a 20:30 hs.
Sábados de 8:00 a 21hs.


















2.17.2026

Relatos de Viaje. Un Indice narrativo.

 Relatos de viaje –

 Índice narrativo



Un libro abierto en capítulos que se escriben al andar.
Este espacio reúne relatos que dialogan entre sí como páginas de un mismo cuaderno. Cada entrada es un capítulo: preparación, caminos, idiomas, recuerdos. Un mapa de opciones que se despliega mientras viajamos.

1.  El idioma como llave
Cada destino guarda puertas distintas, y el idioma puede ser la llave que nos abre a la confianza y la libertad
2.  Mapas de opciones
Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.    
                      

3.  Viajar acompañado, viajar libre
Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.


El idioma como llave



 El idioma como llave

Cada destino guarda puertas distintas, y el idioma puede ser la llave que nos abre a la confianza y la libertad.
Cada viaje guarda sus propias puertas. Algunas se abren con mapas, guías, hoy la IA, internet; otras con la sonrisa de un acompañante, una buena guía; y otras —las más sencillas— con ese gran poder de la comunicación: el idioma.
En Marruecos, como antes en Turquía o Croacia, esa llave no estaba en nuestras manos. Las palabras sonaban como música desconocida, y entonces elegimos el camino del paquete turístico: alguien que traduce, que organiza, que acompaña. Esa decisión nos dio cierta tranquilidad, fruto de muchas charlas previas con el agente de viaje. En nuestro caso, siempre nuestra querida Mora, desde Oggiono, la empresa turística que supo transformar dudas en certezas y ofrecernos la seguridad de un mapa ya trazado.
                             


En cambio, el sur de España nos espera con otra llave: la lengua compartida. Allí podemos preguntar, improvisar, decidir sin miedo. El idioma nos abre puertas que de otro modo quedarían cerradas, y nos permite viajar por cuenta propia, con libertad y confianza.
Viajar, al fin, es aprender a reconocer qué llave necesitamos en cada destino. A veces es la llave del idioma, otras la del acompañamiento, y siempre la de la curiosidad que nos impulsa a cruzar umbrales nuevos.

Mapas de opciones.

 Mapas de opciones

Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.
Planear un viaje es como desplegar un mapa lleno de caminos posibles. No se trata solo de elegir un destino, sino de dibujar alternativas que nos den tranquilidad: hoteles con reservas cancelables, con parking, en lugares accesibles, rutas alternativas.
Cada opción es una llave que abre un margen de libertad. En Marruecos, el paquete turístico nos asegura que alguien ya trazó el recorrido; en el sur de España, somos nosotros quienes dibujamos las líneas, con el idioma como aliado.
El mapa no es rígido: es un cuaderno de posibilidades. Allí anotamos precios, horarios, nombres de ciudades, pero también dejamos espacio para lo inesperado. Porque viajar no es solo cumplir un itinerario, sino permitir que la sorpresa se convierta en parte del trayecto. Hay fiestas o fechas que complican el recorrido de determinadas ciudades; si el tiempo lo permite, conviene organizar los viajes libres con cierta anticipación, para ir ajustando los cambios necesarios.
Siempre se dice que el viaje tiene tres partes: la preparación, con toda la emoción, consultas, ansiedad y dudas que ello conlleva; el viaje en sí, su recorrido donde otro mundo se abre a nuestro mundo; y, por último, el recuerdo, que día a día revive lo vivido.
                                  


Así, cada viaje comienza mucho antes de subir al avión: empieza en el momento en que desplegamos nuestro mapa de opciones y decidimos que la aventura será también un acto de libertad.

Viajar acompañado, viajar libre

 Viajar acompañado, viajar libre

Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.

Hay viajes que se abren como un libro guiado, algo establecido: iremos por acá, regresaremos en este horario, tendrán libre la tarde. Alguien ya trazó las páginas, los recorridos, los horarios.

Uno se deja llevar, confiando —o no tanto— en que la historia está escrita y que cada capítulo se desplegará sin sobresaltos. Así fue en Eslovenia, Croacia y Turquía: culturas distintas, idiomas que sonaban como música lejana, y la tranquilidad de tener un paquete turístico que nos sostenía junto a guías muy expertos. Sobre todo en Croacia.

                   


Marruecos también se nos presenta así: un viaje con paquete, previo a España. Colores intensos, aromas que nos envuelven, y la seguridad de un itinerario armado que nos permite descansar en la certeza de que alguien más sostiene el hilo del relato. Es el último capítulo escrito por otros antes de abrir el cuaderno en blanco.

Porque hay otros viajes que se parecen más a un cuaderno vacío.

 Allí somos nosotros quienes dibujamos el mapa, quienes decidimos dónde detenernos y qué caminos tomar. El sur de España será así: con el idioma como llave y la libertad de improvisar. Cada reserva de hotel, cada itinerario, se convierte en una elección propia, en un gesto de confianza en nuestra manera de andar. Surgen dudas, muchas; nada está resuelto, todo es desconocido. Buscamos ayuda: hoy la IA es una gran aliada, en otros tiempos eran los libros. Muy poco o casi nada internet. Llevábamos en nuestro equipaje la famosa Guía Michelín, que pasaba de mano en mano.

Ambos estilos tienen su encanto. El viaje acompañado nos regala seguridad y descanso; el viaje libre nos ofrece descubrimiento y autonomía.

Quizás lo verdadero sea aceptar que no hay viaje totalmente guiado ni totalmente libre: siempre llevamos algo de mapa y algo de improvisación. Y en esa mezcla, descubrimos que viajar es, en el fondo, aprender a vivir con confianza.


11.25.2025

Indice


 🌍 Índice del viaje

1.  Eslovenia

•       Liubliana  

El Lago Bled refleja silencios

Las cuevas de Postjna guardan la voz de la tierra

2.  Croacia

Zagreb despierta con campanas

Split se abre al mar como un canto

Dubrovnik custodia murallas de tiempo

3. Turquía

Estambul, entre dos aguas

El Bósforo como frontera líquida

La Casa de la Virgen María como plegaria

Pamukkale, camino de cal y espuma

Éfeso y su Biblioteca de Celso

Capadocia, donde la piedra se vuelve sueño

4. Italia 

La Puglia como umbral

Lecce y Novoli en la memoria del sur

Roma, donde lo eterno se mezcla con lo íntimo

                                                                    


Colombia, Bogotá, Botero, Catedral de la Sal, Zipaquirá

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