Relatos de viaje –
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Relatos e imágenes personales, de viajes por distintos lugares del mundo.
2.17.2026
Relatos de Viaje. Un Indice narrativo.
El idioma como llave
Cada destino guarda puertas distintas, y el idioma puede ser la llave que nos abre a la confianza y la libertad.
Cada viaje guarda sus propias puertas. Algunas se abren con mapas, guías, hoy la IA, internet; otras con la sonrisa de un acompañante, una buena guía; y otras —las más sencillas— con ese gran poder de la comunicación: el idioma.
En Marruecos, como antes en Turquía o Croacia, esa llave no estaba en nuestras manos. Las palabras sonaban como música desconocida, y entonces elegimos el camino del paquete turístico: alguien que traduce, que organiza, que acompaña. Esa decisión nos dio cierta tranquilidad, fruto de muchas charlas previas con el agente de viaje. En nuestro caso, siempre nuestra querida Mora, desde Oggiono, la empresa turística que supo transformar dudas en certezas y ofrecernos la seguridad de un mapa ya trazado.
En cambio, el sur de España nos espera con otra llave: la lengua compartida. Allí podemos preguntar, improvisar, decidir sin miedo. El idioma nos abre puertas que de otro modo quedarían cerradas, y nos permite viajar por cuenta propia, con libertad y confianza.
Viajar, al fin, es aprender a reconocer qué llave necesitamos en cada destino. A veces es la llave del idioma, otras la del acompañamiento, y siempre la de la curiosidad que nos impulsa a cruzar umbrales nuevos.
Mapas de opciones.
Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.
Planear un viaje es como desplegar un mapa lleno de caminos posibles. No se trata solo de elegir un destino, sino de dibujar alternativas que nos den tranquilidad: hoteles con reservas cancelables, con parking, en lugares accesibles, rutas alternativas.
Cada opción es una llave que abre un margen de libertad. En Marruecos, el paquete turístico nos asegura que alguien ya trazó el recorrido; en el sur de España, somos nosotros quienes dibujamos las líneas, con el idioma como aliado.
El mapa no es rígido: es un cuaderno de posibilidades. Allí anotamos precios, horarios, nombres de ciudades, pero también dejamos espacio para lo inesperado. Porque viajar no es solo cumplir un itinerario, sino permitir que la sorpresa se convierta en parte del trayecto. Hay fiestas o fechas que complican el recorrido de determinadas ciudades; si el tiempo lo permite, conviene organizar los viajes libres con cierta anticipación, para ir ajustando los cambios necesarios.
Siempre se dice que el viaje tiene tres partes: la preparación, con toda la emoción, consultas, ansiedad y dudas que ello conlleva; el viaje en sí, su recorrido donde otro mundo se abre a nuestro mundo; y, por último, el recuerdo, que día a día revive lo vivido.
Así, cada viaje comienza mucho antes de subir al avión: empieza en el momento en que desplegamos nuestro mapa de opciones y decidimos que la aventura será también un acto de libertad.
Viajar acompañado, viajar libre
Viajar acompañado, viajar libre
Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.
Hay viajes que se abren como un libro guiado, algo establecido: iremos por acá, regresaremos en este horario, tendrán libre la tarde. Alguien ya trazó las páginas, los recorridos, los horarios.
Uno se deja llevar, confiando —o no tanto— en que la historia está escrita y que cada capítulo se desplegará sin sobresaltos. Así fue en Eslovenia, Croacia y Turquía: culturas distintas, idiomas que sonaban como música lejana, y la tranquilidad de tener un paquete turístico que nos sostenía junto a guías muy expertos. Sobre todo en Croacia.
Marruecos también se nos presenta así: un viaje con paquete, previo a España. Colores intensos, aromas que nos envuelven, y la seguridad de un itinerario armado que nos permite descansar en la certeza de que alguien más sostiene el hilo del relato. Es el último capítulo escrito por otros antes de abrir el cuaderno en blanco.
Porque hay otros viajes que se parecen más a un cuaderno vacío.
Allí somos nosotros quienes dibujamos el mapa, quienes decidimos dónde detenernos y qué caminos tomar. El sur de España será así: con el idioma como llave y la libertad de improvisar. Cada reserva de hotel, cada itinerario, se convierte en una elección propia, en un gesto de confianza en nuestra manera de andar. Surgen dudas, muchas; nada está resuelto, todo es desconocido. Buscamos ayuda: hoy la IA es una gran aliada, en otros tiempos eran los libros. Muy poco o casi nada internet. Llevábamos en nuestro equipaje la famosa Guía Michelín, que pasaba de mano en mano.
Ambos estilos tienen su encanto. El viaje acompañado nos regala seguridad y descanso; el viaje libre nos ofrece descubrimiento y autonomía.
Quizás lo verdadero sea aceptar que no hay viaje totalmente guiado ni totalmente libre: siempre llevamos algo de mapa y algo de improvisación. Y en esa mezcla, descubrimos que viajar es, en el fondo, aprender a vivir con confianza.
11.25.2025
Indice
🌍 Índice del viaje
1. Eslovenia
• Liubliana
• El Lago Bled refleja silencios
• Las cuevas de Postjna guardan la voz de la tierra
2. Croacia
• Zagreb despierta con campanas
• Split se abre al mar como un canto
• Dubrovnik custodia murallas de tiempo
3. Turquía
• Estambul, entre dos aguas
• El Bósforo como frontera líquida
• La Casa de la Virgen María como plegaria
• Pamukkale, camino de cal y espuma
• Éfeso y su Biblioteca de Celso
• Capadocia, donde la piedra se vuelve sueño
4. Italia
• La Puglia como umbral
• Lecce y Novoli en la memoria del sur
• Roma, donde lo eterno se mezcla con lo íntimo
11.19.2025
Capadocia
Capadocia.
Capadocia nos recibe con un corazón en lugar de letra.
El paisaje se insinúa detrás:
piedra que escucha, vuelo que se eleva, mercado que respira, caminos que se abren, suelos que guardan imágenes.
Capadocia es una región histórica en el corazón de Turquía, conocida por sus formaciones rocosas únicas, sus ciudades subterráneas y sus viviendas excavadas en la toba volcánica.
A lo largo de los siglos, fue habitada por hititas, persas, griegos, romanos y bizantinos: un cruce de culturas, de rutas, de memorias.
Hoy, sus paisajes lunares y su patrimonio espiritual la convierten en un lugar de contemplación y asombro.
Capadocia: el comienzo de otro asombro
Viajar a Turquía va mucho más allá de conocer Estambul.
Descubrimos que Estambul es inmensa, llena de capas.
Lo único que uno logra es recorrer algunos lugares icónicos.
Lo demás queda allí… como promesa suspendida, como esperanza que respira en lo no visto.
Desde allí, viajamos en bus hacia un aeropuerto moderno, de dimensiones sorprendentes.
Íbamos con el grupo y el guía, ya envueltos en esa complicidad que nace entre viajeros.
Volamos a Capadocia.
Desde lo visual se percibe el misterio, la espiritualidad y la arquitectura como refugio. Capadocia se ve tallada en la roca. La piedra respira, y nosotros aprendemos a escuchar.
Continuamos caminando.
La roca tallada aparece frente a nosotros como una presencia viva.
Los árboles se insinúan entre los senderos. No sabemos qué vendrá.
Todo es distinto, como si estuviéramos entrando en una tierra que no nos pertenece del todo.
Las piedras inmensas guardan secretos.
Las ventanas son mínimas, los pasajes estrechos.
Nos cuentan que aquí vivieron monjes, cazadores, agricultores.
Un lugar de recogimiento. De vida austera.
El silencio es profundo, casi absoluto.
Solo se interrumpe por nuestra presencia, por el murmullo de los turistas que, como nosotros, intentan comprender.
Me pregunto si no estamos de más en este sitio casi sagrado.
No me atrevo a subir. Hay algo en esa altura que exige respeto.
Tal vez el verdadero ascenso no sea físico, sino interior.
Nos detenemos.
No había caminos, solo espacios excavados en la piedra:
iglesias, casas, refugios de una vida tan distinta a la nuestra
que parecía de otro tiempo.
¿Era esto real?
¿O un sueño tejido por relatos de guías,
que nos llevaban hacia imágenes oníricas,
lugares donde la piedra hablaba en susurros?
Entonces, desde afuera,
con la luz bañando una tierra desconocida,
me acerqué a una realidad que parecía irreal.
Como si lo vivido adentro
me hubiese enseñado a mirar con otros ojos.
Llegamos a Capadocia por tierra, envueltos en relatos que el guía hilaba como cuentos antiguos. En el bus, nos cobraron el vuelo que aún no sabíamos si sería posible.
A las cuatro de la mañana, el silencio era distinto.
No dormía: esperaba.
Los globos se inflaban como promesas,
y el fuego dentro de cada uno parecía encender también algo en nosotros.
El guía había dicho:
“Si el viento lo permite, volamos”.
Y el viento, esa vez, nos dijo que sí.
Nota al pie – Contexto sobre los vuelos en globo en Capadocia
Volar en globo sobre Capadocia es una de las experiencias más emblemáticas del viaje.
Cada mañana, si el clima lo permite, entre 150 y 200 globos surcan el cielo al amanecer.
La actividad comienza entre las 3 y las 5 de la madrugada: recogida en el hotel, desayuno ligero, traslado al punto de despegue.
Las condiciones para volar son estrictas: se requiere cielo despejado, sin viento fuerte ni niebla.
Es la Aviación Civil de Turquía quien autoriza los vuelos cada día.
El recorrido suele durar una hora, sobrevolando valles como el de las Rosas, el Rojo, el del Amor y el Castillo de Uçhisar.
Para muchos viajeros, este vuelo simboliza el momento en que el viaje se eleva:
una pausa suspendida entre tierra y cielo, donde el silencio y la belleza se funden en lo alto.
10.25.2025
La Biblioteca de Celso
Hacia la Biblioteca de Celso
El sendero de mármol
Luego de mucho andar, llegamos a un gran camino, donde
nuestros pies se posaban sobre mármoles antiguos. Un sendero sin demasiadas
certezas, apenas intuiciones.

Las columnas caídas, los frisos desgastados, ya no nos dicen nada: solo signos, fragmentos....gestos detenidos.
La arquitectura que vemos aquí —con sus columnas corintias, frisos esculpidos y la mezcla de piedra restaurada y original— está detenida en el tiempo.
No hay voz.
No hay inscripción que nos guíe.
Y entonces....el silencio.
Preguntas al saber
Ese tránsito —hecho de piedra, de viento, de preguntas— nos
llevó finalmente a la Biblioteca de Celso.
Y al verla, pensé en los sabios que la habitaron.
¿Qué habrían hecho ellos con este poder que hoy llevamos en
la mano?
¿Qué habrían escrito, compartido, tejido, si el saber no se deslizara en rollos, sino en redes invisibles?

Que los sabios no solo leían, estudiaban, investigaban, sino que se deslizaban por pasadizos ocultos.
Hoy lo contamos con sorna: guías que repiten la historia, turistas que después de tanto andar, reciben alegremente estos "secretos".
Pero algo en ese relato —aunque improbable— nos sigue preguntando:
¿Dónde se guarda lo que no puede decirse?
¿Y quién decide qué saber merece el silencio?
Después del mármol, el ruido.
Un 1° de mayo, día cargado de significación histórica y política, regresábamos a Estambul El guía, visiblemente preocupado, intercambiaba frases con el conductor —hábil, responsable— mientras mantenía activo su celular.
Las miradas entre ambos eran constantes.
Finalmente, una información:
- “No podremos dejarlos en
el hotel. Es una zona a la cual se nos impide ingresar.” -
La plaza Taksim es un lugar de enorme peso simbólico para los movimientos sociales.
Allí se reúnen trabajadores y ciudadanos para protestar, manifestar, celebrar. Nuestro hotel estaba muy cerca de esa plaza.
El bus se detuvo en una avenida. Bajamos las valijas y comenzamos a trepar por calles empinadas, de piedra.
El guía, por ser ciudadano turco, no podía ingresar a la zona vallada.
Policías inmensos bloqueaban el paso.
No importaba que fuésemos turistas: pedían reservas, comprobantes de estadía, documentos.
Alguien del grupo logró entregar lo que solicitaban. Pudimos ingresar.
No era cerca. Muchos no podían con sus valijas.
Seguimos trepando, con cansancio, con algo de temor. Ignorábamos
realmente lo que estaba ocurriendo.
Allí surgió la
solidaridad.
Finalmente, arribamos al
hotel desde donde habíamos partido días atrás.
Estambul, entre la plegaria y la barricada
El silencio en las mezquitas.
Y el bullicio, también, en las calles de Estambul, como un contrapunto necesario.
Nos vamos.
La imagen que acompaña este cierre no me pertenece, pero me impactó profundamente.
Dice algo que no sé si podría decir con palabras:
Es una creación generada por inteligencia artificial, y sin embargo, algo en ella me habló.
La comparto como estación visual, como epígrafe silencioso de esta despedida que también es tránsito.
Relatos de Viaje. Un Indice narrativo.
Relatos de viaje – Índice narrativo Un libro abierto en capítulos que se escriben al andar. Este espacio reúne relatos que dialogan ent...






























