Mapas de opciones
Entre caminos trazados y sorpresas inesperadas, cada viaje se convierte en un ejercicio de libertad.
Planear un viaje es como desplegar un mapa lleno de caminos posibles. No se trata solo de elegir un destino, sino de dibujar alternativas que nos den tranquilidad: hoteles con reservas cancelables, con parking, en lugares accesibles, rutas alternativas.
Cada opción es una llave que abre un margen de libertad. En Marruecos, el paquete turístico nos asegura que alguien ya trazó el recorrido; en el sur de España, somos nosotros quienes dibujamos las líneas, con el idioma como aliado.
El mapa no es rígido: es un cuaderno de posibilidades. Allí anotamos precios, horarios, nombres de ciudades, pero también dejamos espacio para lo inesperado. Porque viajar no es solo cumplir un itinerario, sino permitir que la sorpresa se convierta en parte del trayecto. Hay fiestas o fechas que complican el recorrido de determinadas ciudades; si el tiempo lo permite, conviene organizar los viajes libres con cierta anticipación, para ir ajustando los cambios necesarios.
Siempre se dice que el viaje tiene tres partes: la preparación, con toda la emoción, consultas, ansiedad y dudas que ello conlleva; el viaje en sí, su recorrido donde otro mundo se abre a nuestro mundo; y, por último, el recuerdo, que día a día revive lo vivido.
Así, cada viaje comienza mucho antes de subir al avión: empieza en el momento en que desplegamos nuestro mapa de opciones y decidimos que la aventura será también un acto de libertad.