En la esquina, el edificio se alzaba como un guardián del tiempo. Sus columnas y torres parecían contar historias de otra época, mientras los transeúntes pasaban sin detenerse. Nosotros nos quedamos un instante, maravillados: no era solo arquitectura, era memoria viva, un capítulo que se escribe en piedra y ladrillo.
Palacio de las Aguas
Un edificio monumental que guarda la memoria del agua en Buenos Aires.
El Palacio de las Aguas es una obra espléndida, concebida para alojar grandes depósitos de agua y asegurar el saneamiento de la ciudad. Su construcción comenzó en 1887 y se extendió hasta 1894, sobre un proyecto de 1886.
Historia y contexto
En aquellos años, Buenos Aires sufría problemas de hacinamiento y epidemias como el cólera y la fiebre amarilla. El acceso al agua potable era una necesidad urgente. De allí surge esta obra monumental, que buscaba garantizar higiene y salud pública.
Arquitectura
El edificio impresiona por su revestimiento: mansardas de pizarra y cuatro frentes cubiertos con piezas de cerámica vitrificada traídas desde Inglaterra, cada una con su ubicación precisa. La estructura de hierro fue fabricada en Bélgica y sostiene tres pisos de tanques apoyados en 180 columnas.
La visita
Hoy se puede recorrer el Palacio en visitas guiadas gratuitas. En abril, los horarios fueron por la tarde, martes y jueves. Conviene llamar al (54-11) 6319-1104 para confirmar día y horario antes de ir. El ingreso es por Riobamba 750, piso 1°, dentro del predio delimitado por Riobamba, Viamonte, Ayacucho y Av. Córdoba.
Dos guías muy profesionales acompañan el recorrido, que permite comprender la magnitud de la obra y su importancia histórica.
Cierre
El Palacio de las Aguas no es solo un edificio: es un testimonio de cómo la ciudad aprendió a valorar el agua potable y la higiene pública. Visitarlo es entrar en un capítulo fundamental de la historia de Buenos Aires.
