En Tolosa, la pinturería Feregotti sigue mostrando su herencia de trabajo y colores.
Relatos e imágenes personales, de viajes por distintos lugares del mundo.
Relatos de viaje –
Viajar acompañado, viajar libre
Entre mapas trazados y páginas en blanco, cada viaje nos invita a descubrir una forma distinta de andar.
Hay viajes que se abren como un libro guiado, algo establecido: iremos por acá, regresaremos en este horario, tendrán libre la tarde. Alguien ya trazó las páginas, los recorridos, los horarios.
Uno se deja llevar, confiando —o no tanto— en que la historia está escrita y que cada capítulo se desplegará sin sobresaltos. Así fue en Eslovenia, Croacia y Turquía: culturas distintas, idiomas que sonaban como música lejana, y la tranquilidad de tener un paquete turístico que nos sostenía junto a guías muy expertos. Sobre todo en Croacia.
Marruecos también se nos presenta así: un viaje con paquete, previo a España. Colores intensos, aromas que nos envuelven, y la seguridad de un itinerario armado que nos permite descansar en la certeza de que alguien más sostiene el hilo del relato. Es el último capítulo escrito por otros antes de abrir el cuaderno en blanco.
Porque hay otros viajes que se parecen más a un cuaderno vacío.
Allí somos nosotros quienes dibujamos el mapa, quienes decidimos dónde detenernos y qué caminos tomar. El sur de España será así: con el idioma como llave y la libertad de improvisar. Cada reserva de hotel, cada itinerario, se convierte en una elección propia, en un gesto de confianza en nuestra manera de andar. Surgen dudas, muchas; nada está resuelto, todo es desconocido. Buscamos ayuda: hoy la IA es una gran aliada, en otros tiempos eran los libros. Muy poco o casi nada internet. Llevábamos en nuestro equipaje la famosa Guía Michelín, que pasaba de mano en mano.
Ambos estilos tienen su encanto. El viaje acompañado nos regala seguridad y descanso; el viaje libre nos ofrece descubrimiento y autonomía.
Quizás lo verdadero sea aceptar que no hay viaje totalmente guiado ni totalmente libre: siempre llevamos algo de mapa y algo de improvisación. Y en esa mezcla, descubrimos que viajar es, en el fondo, aprender a vivir con confianza.
1. Eslovenia
• Liubliana
• El Lago Bled refleja silencios
• Las cuevas de Postjna guardan la voz de la tierra
2. Croacia
• Zagreb despierta con campanas
• Split se abre al mar como un canto
• Dubrovnik custodia murallas de tiempo
3. Turquía
• Estambul, entre dos aguas
• El Bósforo como frontera líquida
• La Casa de la Virgen María como plegaria
• Pamukkale, camino de cal y espuma
• Éfeso y su Biblioteca de Celso
• Capadocia, donde la piedra se vuelve sueño
4. Italia
• La Puglia como umbral
• Lecce y Novoli en la memoria del sur
• Roma, donde lo eterno se mezcla con lo íntimo

Capadocia nos recibe con un corazón en lugar de letra.
El paisaje se insinúa detrás: piedra que escucha, vuelo que se eleva, mercado que respira, caminos que se abren, suelos que guardan imágenes.
Capadocia es una región histórica en el corazón de Turquía, conocida por sus formaciones rocosas únicas, sus ciudades subterráneas y sus viviendas excavadas en la toba volcánica.
A lo largo de los siglos, fue habitada por hititas, persas, griegos, romanos y bizantinos: un cruce de culturas, de rutas, de memorias.
Hoy, sus paisajes lunares y su patrimonio espiritual la convierten en un lugar de contemplación y asombro.
Capadocia: el comienzo de otro asombro
Viajar a Turquía va mucho más allá de conocer Estambul.
Descubrimos que Estambul es inmensa, llena de capas.
Lo único que uno logra es recorrer algunos lugares icónicos.
Lo demás queda allí… como promesa suspendida, como esperanza que respira en lo no visto.
Desde allí, viajamos en bus hacia un aeropuerto moderno, de dimensiones sorprendentes.
Íbamos con el grupo y el guía, ya envueltos en esa complicidad que nace entre viajeros.
Volamos a Capadocia.
Desde lo visual se percibe el misterio, la espiritualidad y la arquitectura como refugio. Capadocia se ve tallada en la roca. La piedra respira, y nosotros aprendemos a escuchar.
Continuamos caminando.
La roca tallada aparece frente a nosotros como una presencia viva.
Los árboles se insinúan entre los senderos. No sabemos qué vendrá.
Todo es distinto, como si estuviéramos entrando en una tierra que no nos pertenece del todo.
Las piedras inmensas guardan secretos.
Las ventanas son mínimas, los pasajes estrechos.
Nos cuentan que aquí vivieron monjes, cazadores, agricultores.
Un lugar de recogimiento. De vida austera.
El silencio es profundo, casi absoluto.
Solo se interrumpe por nuestra presencia, por el murmullo de los turistas que, como nosotros, intentan comprender.
Me pregunto si no estamos de más en este sitio casi sagrado.
No me atrevo a subir. Hay algo en esa altura que exige respeto.
Tal vez el verdadero ascenso no sea físico, sino interior.
A las cuatro de la mañana, el silencio era distinto.
No dormía: esperaba.
Los globos se inflaban como promesas,
y el fuego dentro de cada uno parecía encender también algo en nosotros.
El guía había dicho:
“Si el viento lo permite, volamos”.
Y el viento, esa vez, nos dijo que sí.
Nota al pie – Contexto sobre los vuelos en globo en Capadocia
Volar en globo sobre Capadocia es una de las experiencias más emblemáticas del viaje.
Cada mañana, si el clima lo permite, entre 150 y 200 globos surcan el cielo al amanecer.
La actividad comienza entre las 3 y las 5 de la madrugada: recogida en el hotel, desayuno ligero, traslado al punto de despegue.
Las condiciones para volar son estrictas: se requiere cielo despejado, sin viento fuerte ni niebla.
Es la Aviación Civil de Turquía quien autoriza los vuelos cada día.
El recorrido suele durar una hora, sobrevolando valles como el de las Rosas, el Rojo, el del Amor y el Castillo de Uçhisar.
Para muchos viajeros, este vuelo simboliza el momento en que el viaje se eleva:
una pausa suspendida entre tierra y cielo, donde el silencio y la belleza se funden en lo alto.
En Tolosa, la pinturería Feregotti sigue mostrando su herencia de trabajo y colores. Pero en el rincón donde antes se exhibían tachos y pa...