CROACIA
Zagreb: entre tejados esmaltados y jardines secretos
Llegamos a Zagreb con la curiosidad despierta y los sentidos atentos. La capital croata nos recibió con una mezcla de elegancia austrohúngara y vitalidad balcánica, donde el peso de los siglos XVIII y XIX convive con el pulso vivo de una ciudad moderna. Con un mapa en mano y los zapatos listos para caminar, comenzamos a recorrer sus calles.
Los jardines, cuidados con esmero, nos sorprendieron por su variedad de formas y colores. Zagreb guarda en ellos una intimidad verde que no esperábamos encontrar en una capital.
Un quiosco de música de hierro forjado preside el parque con la elegancia discreta de otro siglo. Al verlo, no pude evitar pensar en la glorieta de Plaza San Martín en La Plata. La misma herencia europea, el mismo hierro trabajado con delicadeza, el mismo espíritu viajero del siglo XIX.No eran solo espacios verdes: eran pausas visuales, refugios de calma entre tanta arquitectura solemne.
El centro histórico nos llevó directo al corazón espiritual de la ciudad.
Recorrimos a pie: una catedral del S XII, la iglesia de San Marcos nos hizo admirarla.
Su techo de tejas esmaltadas, con los escudos de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, parecía contar la historia del país en código de color.
La Iglesia de San Marcos es la iglesia parroquial del viejo Zagreb.
La Plaza Ban Jelačić es el corazón de la ciudad. La visitamos al caer la noche, cuando la luz dorada de los edificios se derrama sobre los adoquines y el tiempo parece haberse detenido
El Pabellón de Arte, con su imponente fachada amarilla de estilo secesionista, quedó pendiente. Era domingo, llegamos agotados y sus puertas permanecieron cerradas para nosotros.
Al día siguiente, ya con las pilas recargadas, el mercado de alimentos nos envolvió en un bullicio particular: aromas intensos, puestos vibrantes, y una generosidad croata que se expresaba en cada plato típico.
En la Ciudad Alta descubrimos la Concatedral
Greco-Católica de los Santos Cirilo
y Metodio. Su presencia discreta, cerca de
la plaza, nos recordó que Zagreb es también una ciudad de diversidad religiosas,
donde las tradiciones conviven en armonía.
En el centro de la ciudad se encuentra el Museo de las Relaciones Rotas, dedicado a las r
relaciones de amor que han terminado. Los objetos personales, cotidianos, cargados cargados
de historias intimas, hablaban de amores perdidos y memorias compartidas.
Fue imposible no detenerse ante cada vitrina, imaginando las vidas detrás de cada donación.

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