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3.24.2011

Teatro Colón.


Teatro Colón

                           Fachada del Colón.              

La esquina porteña se ilumina con la majestuosidad del teatro, que se abre como una joya en diagonal hacia la ciudad.

 La llegada al Colón tiene su propio ritual. Generalmente ingresamos por Tucumán, atravesamos el Pasaje de los Carruajes y cruzamos Plaza Vaticano para tomar un café antes de la función. Al regresar hacemos la cola para el ingreso a Tertulia.
                              
                           El Pasaje de los Carruajes: parte del ritual de llegar al Colón
                  

Cuando uno cruza las puertas del Teatro Colón comienza a sentir una gran magia que lo invade. Saber que es una de las salas líricas con mejor acústica del mundo, que lleva consigo una historia musical y arquitectónica incalculable, hace que cada visita sea algo especial.

                                    

                                     

                                  Tertulia, tercera fila al centro, nuestros lugares.

El Colón no es solo música, arquitectura, sala, sonido y dirección. Es también las personas con quienes uno comparte todo eso año tras año. Los Tertulianos éramos un grupo que celebraba el fin de temporada juntos. La vida fue desmembrando ese grupo, pero los que quedamos nos seguimos encontrando y alegrando de vernos.

                                                      La orquesta en plenitud

Vista general de la sala del Teatro Colón con la orquesta filarmónica en el escenario antes del concierto

                                               Inauguración y renacimiento

El teatro se inauguró en 1908 con la ópera Aida, de Giuseppe Verdi. Argentina vivía momentos esplendorosos como país. 

La sala fue restaurada y reinaugurada el 24 de mayo de 2010 con la ópera La Bohème de Puccini; durante esos años las funciones se trasladaron al Teatro Coliseo.

                                               La sala dorada


Vista del Teatro Colón con su sala dorada llena de público antes de la función

Las funciones son muchas veces memorables. Hay cantantes cuya voz llega hasta lo más íntimo de nuestro ser, e interpretaciones de la Orquesta Filarmónica que son únicas e inolvidables.

                                     Antes del concierto


                Vista aérea de la platea del Teatro Colón completamente llena de público.


El Maestro y la orquesta
 Su “saltito” al ingresar y su gesto firme al marcar cada compás quedaron grabados en la memoria del teatro.

Durante diecisiete años, Arturo Diemecke dirigió la Orquesta Filarmónica con pasión y precisión.

Añoramos su partida. Su "saltito" al ingresar, marcar los movimientos de cada obra con su mano, lo convirtió en una figura entrañable, además de ser Director General Artístico del teatro.

 Algunas veces lo encontrábamos cruzando la 9 de Julio, camino al teatro.


El Maestro Arturo Diemecke dirigiendo la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón en el escenario

Hay un ritual en torno a la magnífica araña de casi 30 metros de altura, que es bajada una vez al año para limpiarla y controlar su luminaria. Dicen que quien la toca tendrá garantizada buena suerte y trabajo. Muchas veces me he sorprendido mirando sus lamparitas, controlando si todas funcionan. Es hipnótica.

                     

                                     La araña del Teatro Colón

El teatro tiene siete niveles con formato de herradura: Platea, Palcos Bajos, Palcos Balcón, Palcos Altos, Cazuela (4.° piso), Tertulia (5.° piso), Galería (6.° piso) y Paraíso (7.° piso). Por debajo de la platea se ubican tres pisos subterráneos y el foso para la orquesta.

                          

Desde el abono de Grandes Intérpretes, música de cámara en el escenario del Colón.

Quienes concurrimos al teatro no podemos dejar de lado a nuestras acomodadoras, a quienes a través de los años hemos ido conociendo y saludando. A pesar de su rectitud, siempre se encuentra un momento para una conversación cálida.

El Teatro Colón no es solo un edificio. Es un lugar donde la música se convierte en emoción pura, donde la arquitectura y el arte se abrazan, y donde cada función deja una huella que el tiempo no borra. Volver siempre es, de algún modo, volver a casa.

                               

 

El Colón también sale a la calle: Plaza Vaticano, sobre la calle Viamonte entre Cerrito y Libertad.  Sillas blancas para una funcion al aire libre. 

El Teatro Colón no es solo un edificio. Es un lugar donde la música se convierte en emoción pura, donde la arquitectura y el arte se abrazan, y donde cada función deja una huella que el tiempo no borra. Volver siempre es, de algún modo, volver a casa.


                                                                               


















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