Teatro Colón
Fachada del Colón.
Cuando uno cruza las puertas del Teatro Colón comienza a sentir una gran magia que lo invade. Saber que es una de las salas líricas con mejor acústica del mundo, que lleva consigo una historia musical y arquitectónica incalculable, hace que cada visita sea algo especial.
La orquesta en plenitud
El teatro se inauguró en 1908 con la ópera Aida, de Giuseppe Verdi. Argentina vivía momentos esplendorosos como país.
La sala fue restaurada y reinaugurada el 24 de mayo de 2010 con la ópera La Bohème de Puccini; durante esos años las funciones se trasladaron al Teatro Coliseo.
La sala dorada
Las funciones son muchas veces memorables. Hay cantantes cuya voz llega hasta lo más íntimo de nuestro ser, e interpretaciones de la Orquesta Filarmónica que son únicas e inolvidables.
Antes del concierto
Durante diecisiete años, Arturo Diemecke dirigió la Orquesta Filarmónica con pasión y precisión.
Añoramos su partida. Su "saltito" al ingresar, marcar los movimientos de cada obra con su mano, lo convirtió en una figura entrañable, además de ser Director General Artístico del teatro.
Algunas veces lo encontrábamos cruzando la 9 de Julio, camino al teatro.
Hay un ritual en torno a la magnífica araña de casi 30 metros de altura, que es bajada una vez al año para limpiarla y controlar su luminaria. Dicen que quien la toca tendrá garantizada buena suerte y trabajo. Muchas veces me he sorprendido mirando sus lamparitas, controlando si todas funcionan. Es hipnótica.
El teatro tiene siete niveles con formato de herradura: Platea, Palcos Bajos, Palcos Balcón, Palcos Altos, Cazuela (4.° piso), Tertulia (5.° piso), Galería (6.° piso) y Paraíso (7.° piso). Por debajo de la platea se ubican tres pisos subterráneos y el foso para la orquesta.
Quienes concurrimos al teatro no podemos dejar de lado a nuestras acomodadoras, a quienes a través de los años hemos ido conociendo y saludando. A pesar de su rectitud, siempre se encuentra un momento para una conversación cálida.
El Teatro Colón no es solo un edificio. Es un lugar donde la música se convierte en emoción pura, donde la arquitectura y el arte se abrazan, y donde cada función deja una huella que el tiempo no borra. Volver siempre es, de algún modo, volver a casa.
El Colón también sale a la calle: Plaza Vaticano, sobre la calle Viamonte entre Cerrito y Libertad.

