PortugalEn este relato de viaje no podré dejar de citar a Saramago.
En Viaje a Portugal escribe:
“La felicidad, sépalo el lector, tiene muchos rostros.
Viajar es, probablemente, uno de ellos.
Entregue sus flores a quien sepa cuidar de ellas, y empiece. O Re empiece.
Ningún viaje es definido”.
8 de mayo.
Llegamos a Barajas, las cenizas del volcán hacen que los aeropuertos se mantengan cerrados en el norte de Europa. TAP se niega a devolver el dinero del pasaje, hasta que luego de algunas horas de idas y venidas logramos volar.
Llegamos a Barajas, pero las cenizas del volcán mantenían cerrados los aeropuertos del norte de Europa. TAP se negó a devolver el dinero del pasaje, hasta que luego de algunas horas de idas y venidas logramos volar. Al llegar a Lisboa, fuimos hacia el puesto de Información, donde nos vendieron un pasaje fantástico válido para todas las líneas amarillas: bus, trole, funicular y elevador, por 3,50 €, con duración de un día entero.
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Bajamos en la avenida indicada y la lluvia que nos castigaba hizo más costosa la caminata de las tres cuadras empinadas hasta el hotel Jorge V, habitación 602.
R. Mouzinho da Silveira 3, 1250-165 Lisboa, Portugal R. Mouzinho da Silveira 3, 1250-165 Lisboa, PortugalTeléfono: +351 21 356 2525
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Un gran arco al fin de la Rua Augusta se nos presenta, es el Arco Triunfal, cuando lo traspasamos nos encontramos con la Plaza de Comercio, una galería con arcadas circunda en forma continua la plaza, en el centro una estatua de José I montado en un caballo, todo con grandes dimensiones. Como el Papa estaba por llegar a Lisboa, nos encontramos con un gran escenario armándose, eso hacía que las vistas hacia el río Tajo fueran escasas.
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Hicimos cola para subir al elevador Santa Justa que está al final de la Rua de Santa Justa. Es una torre de hierro colado y decorado con filigranas, muy pintoresca, su interior está recubierta en madera. Las puertas se abren y cierran con llaves muy grandes. Toda una antigüedad. Por un puente se llega al Chiado, comenzaba la noche. Se veía toda una movida en el lugar. Regresamos a cenar al centro en “Nicola” comimos nuestro primer plato de bacalao.
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9 de mayo
Un
domingo en Lisboa, con lluvia.
Lisboa, con lluvia. Luego del mejor desayuno de todo el recorrido, salimos a la calle con algo de dudas: ¿Cuánto podríamos andar bajo esta lluvia, conociendo a esta nostálgica Lisboa?"
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La terraza del Elevador Santa Justa, con Lisboa iluminándose al caer la noche. El castillo de San Jorge, donde la historia convive con la naturaleza.
Desde la Plaza da Figueira, del siglo XVII, donde los edificios simples forman un conjunto equilibrado, se divisa el castillo de San Jorge. Atravesamos la plaza de Nossa Senhora da Saúde y llegamos al barrio de Alfama, el más antiguo y pintoresco de Lisboa, cuna del fado y corazón de la antigua mouraria (el barrio de los moros
Ascendiendo se llega a la Basílica de la Estrella y su plaza. Como escribió Saramago: 'El río se esconde por detrás de una hilera de barrancones, pero se adivina'. Las plazas y veredas de Lisboa están realizadas en calcáreo blanco y negro, con dibujos llamativos que son ya una seña de identidad de la ciudad.
Las callecitas de Alfama, con su ropa tendida y su vida cotidiana a la vista.
En una segunda vuelta, bajamos para llegar al castillo San Jorge, desde donde hay unas hermosas vistas de Lisboa.
Desde las murallas del castillo de San Jorge, Lisboa se asoma entre los arcos.
Las ruinas del castillo de San Jorge dominan el barrio de la Alfama y el Tajo. Al regresar, almorzamos al pie del castillo: sardinas asadas y un buen espectáculo de fado, todo un festín para los sentidos
Lisboa y el Tajo, vistos desde las murallas del castillo de San Jorge.
Una charla con Fernando Pessoa en la puerta del café A Brasileira.
En la puerta del café A Brasileira, un joven animaba a los transeúntes a bailar — todo un espectáculo improvisado que sumó alegría a la tarde.
A Brasileira, el café donde Pessoa era cliente habitual
La tarde fue un ir y venir de la calle al tranvía, la última bajada fue en el Chiado, llegamos al café La Brasileira, en Garrett 120. Es una cafetería Art decó, allí nos sacamos una foto con la estatua de bronce del poeta Fernando Pessoa, la música y el baile están siempre acompañando este lugar.
Para finalizar el día nos fuimos caminando hasta la plaza del Chiado, comimos algo en el centro. Como el Benfica salió campeón, debimos regresar a pie al hotel con toda la hinchada que festejaba por la avenida da Liberdade de plaza a plaza, mucho colorido.
Obra del ingeniero Raoul Mesnier du Ponsard, el Elevador de Santa Justa conecta el Baixa con el barrio del Chiado desde 1902.
Los azulejos de Lisboa no son solo decoración: son la memoria visual de una ciudad. El azul y el blanco de los azulejos portugueses tienen algo de cielo, algo de mar, algo de Lisboa misma.
La estatua del gran novelista portugués, Eça de Queirós, en la Plaza de los Restauradores, como si todavía tuviera algo que decirle a la ciudad.
Lunes 10 de mayo.
Partiendo en auto.
Por la mañana desayunamos en el hotel y fuimos en búsqueda del auto, nos entregaron un Toyota Yaria, con todas las recomendaciones e indicaciones, tanta amabilidad resultó costosa. (Hay que alquilar y pagar en Argentina) (Hay que hacer las investigaciones previas, depende del momento económico que se viva en Argentina)
Al retirar el auto, el empleado de la agencia nos apuró para salir cuanto antes: el centro de Lisboa estaba a punto de cerrarse por la visita papal.
Salimos hacia Belén, pero por cuestiones de seguridad (el Papa estaba por arribar) no se podía estacionar, entonces seguimos nuestro viaje a Sintra.
Sintra
Comenzamos a subir hacia Sintra. Las rutas están muy bien señalizadas en todo Portugal.
Sintra se encuentra en Extremadura es una villa portuguesa encantadora, con mucho verde, palacios, jardines con vista al mar.
El palacio que vemos primero presenta variedad de estilos, desde la explanada hay una visión de otros castillos, palacios con mucho verde que arman hermosas postales.
Luego visitamos el Castelo dos Mouros, un castillo medieval, las calles de piedra, desde lo alto, como siempre, las vistas son espectaculares.
La mañana entró por los postigos de madera antes que nosotros saliéramos a descubrirla.
Almorzamos frente un paisaje natural, en lo alto.
A Taverna: encontrada. El almuerzo, asegurado
Hortensias y azulejos: la postal perfecta de Sintra
Obidos
Luego de subir, bajar y perdernos por las calles, partimos hacia Obidos.
Se la llama la “ciudad nupcial” porque los reyes portugueses, al casarse, le regalaban un castillo a sus esposas. El caserío, totalmente amurallado, que rodea y servía al castillo, se conserva como en la Edad Media.
Al recorrerlo nos parece que somos personajes de un cuento cuya trama se
desarrolla en el medioevo.
El castillo de Óbidos, guardado por amapolas.
En Óbidos, sintiéndonos un poco medievales.
Adoquines, cal y azul: una calle de Óbidos
El Café Nicola, en la Praça Dom Pedro IV, es una institución lisboeta desde 1787. Escritores, artistas y políticos lo frecuentaron durante siglos. Cuando lo visitamos, era un lugar concurrido y con precios accesibles. Hoy sigue abierto, pero dicen los que volvieron que los precios ya no son los de entonces
La pastelería y las famosas las pastéis de Belén son las mas buscadas.
El plato típico de Portugal es el bacalao, aunque las sopas son infaltables.
El mejor vendedor de postales de Óbidos
La entrada es por la Porta da Vila, hay un mirador interior, con el oratorio rodeado de paneles de azulejos azules y blancos, de allí a la calle principal, la Rua Directa, que llega a la plaza, a los pies del castillo, allí también se levanta la iglesia de Santa María. Ó Obidos es una ciudad fortificada. Su castillo es soberbio.
Las callecitas que suben y bajan, igual que el resto de estos lugares ofrecen su colorido y mercancías a los turistas, que siempre caemos en alguna tentación.
La plaza y la iglesia de Santa María, a los pies del castillo
De
Obidos al Monasterio de Alcobaça.
El acueducto de Óbidos, a tres kilómetros de la ciudad amurallada.
Alcobaça: la luz dibuja su geometría en el suelo del monasterio.
Dicen Saramago en su libro “Viaje a Portugal”: “Lo que de notable tiene la fachada del monasterio es la perfecta integración de sus diferentes estilos, tanto más cuanto que el barroco con que culmina no hace ningún esfuerzo por aproximarse al gótico del portal”. Pag 220
Arribamos cansados a Batalha. Parecía que lo único que llegaba a verse era el monasterio. Un buen hotel con vistas al monasterio.
El Monasterio de Batalha, una joya del gótico manuelino portugués
Dentro de la iglesia, la nave es muy profunda, “es imponente, aplastante”. Realmente impresiona estar frente a esta gran iglesia. Dicen que no hay otra igual en Portugal.
Ante esta nave, el silencio es la única respuesta
Martes 11 de mayo
Monasterio de Batalha,
Leiría, Coimbra.
Amanece lloviendo, hemos decidido hacer base en Batalha e ir a Coimbra para luego regresar al hotel que ya conocemos.
Caminamos hasta el monasterio de Batalha, (abadía de la batalla): Santa María da Vitoria.
Desde la ventana del hotel, el monasterio iluminado en la noche
Es deslumbrante. Desde afuera parece inalcanzable, como todos los monumentos que vamos viendo en Portugal, la dimensión de uno se pierde en lo grandioso.
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Batalha de día: cada detalle es una obra en sí misma.
El pórtico es magnífico, una sucesión de arcos y columnas finas sobre decoradas.
Su estilo es del gótico tardío y manuelino, está construido con piedra caliza que los años le han otorgado un color amarillo dorado, además dicen que está siendo afectado por la lluvia ácida y la carretera que pasa muy cerca está socavando lentamente los cimientos.
Desde el claustro, la piedra caliza dorada de Batalha
El interior mezcla vitroux coloridos con arcos y columnas recargadas, jardines, fuentes galerías que no tienen fin.
Imposible no quedar maravillado ante este monasterio, te atrapa, cuesta despedirse.
Seguimos hacia Leiría, Ángel cantaba:
¡Qué alegría
el castillo de Leiría!
¡Qué alegría
la lluvia en Leiría!
Cuando el sol se dejaba ver nosotros caminábamos por los exteriores del castillo.
Es un lugar que se puede llegar en auto hasta prácticamente la entrada, buen lugar — aunque en aquel 2010 era gratuito, algo que hoy ya no existe.
Como todos los centros históricos las calles de piedra dan un toque particular. Cuentan que fue una de las fortalezas más importantes en el Portugal moro.
Fue un placer caminar, trepar y guarecerse de la lluvia en este castillo, donde había pocos turistas, el silencio acompañó el recorrido.
Partimos hacia Coimbra, la ruta se hace lenta, los peregrinos que van hacia Fátima tiene derecho a media calzada, el ingreso a la tercera ciudad más grande de Portugal se hace complicado, luego de algunas vueltas llegamos al estacionamiento del mercado, buen lugar.
Comenzamos a caminar buscando la Universidad. frente a la Iglesia de
Santa Cruz trepamos a un trencito eléctrico que va entre callecitas estrechas
llenas de autos estacionados. Luego de tener las imágenes de los lugares,
decidimos caminar para re-encontrarnos con cada lugar.
Sé Velha (la Catedral) del siglo XII, el Palacio del Arzobispado, la Iglesia
y Monasterio de Santa Cruz, la Universidad, que es una de las más antiguas de Europa, son algunas de las vistas que fuimos disfrutando. En la ciudad baja se encuentran los comercios, una gran plaza donde tomamos el cafecito de la tarde. Un regreso lento hasta Batalha donde nos ofrece silencio, un espectacular panorama y un buen descanso.
Miércoles 12 de mayo
Santarém y Evora visitas
agradables y económicas.
Desde Batalha nos despedimos del monumental monasterio para ir al encuentro de Santarém, dejamos atrás Fátima que por la visita del Papa está “invisitable”.
En Santarém se consigue estacionamiento muy
económico: (2 horas: 1,20 €)
El ingreso a los monumentos es gratis, y la gente se preocupa por orientar y guiar.
Desde la plaza fuimos el convento de San Francisco del año 1240, un templo gótico que esta en restauro, impecable (casi demasiado).
El patio del convento se encuentra rodeado por profundas galerías. Los interiores dan cuenta de un restauro que parece haber borrado parte de la historia. Eso no quita su grandiosidad. La luz entra por los rosetones y crea hermosos espacios.
De allí al Seminario Jesuita donde está la catedral, la visita fue breve, había misa,
Nos guiaron por la rua Serpa Pinta calle comercial que nos fue conduciendo a las iglesias y monumentos y casas con variados azulejos en los muros exteriores.
Llegamos a la antigua basílica de Sao Joao de Alporao, donde se encuentra el
museo Arqueológico, allí hay una gran tumba del siglo XV. De ésta museo nos
acompañaron a la Torre de Cabacas, como en todo Portugal las grandes llaves abren las puertas y dan acceso a la historia. La torre acondicionada con escaleras de madera y descansos donde los libros electrónicos muestran la historia. Desde lo alto una vista total de Santarém.
Luego ingresamos a iglesia de Gracia, dice Saramago “Pero hay que ver este magnífico rosetón sobre el pórtico, y este, de puro gótico flamígero, con un recuerdo claro de Batalha pero sin su riqueza de columnillas y arquivoltas. El pavimento de la nave está muy por debajo del nivel de la calle, lo que causa un efecto insólito en iglesias portuguesas”. (Pag 226).
La plaza nos ofreció un lugar para “picotear” algo y seguir el camino. Ángel está en un día de orientación total, salimos hacia Évora, ciudad histórica en el corazón del Alentejo.
La señalización de las rutas es muy clara. Tomamos la autopista lo que posibilita mayor rapidez y relax para quien maneja.
El Hotel Évora es espléndido, dudamos que fuera el seleccionado (Habitación 303).
Partimos hacia el casco histórico que se presenta como una gran fortaleza medieval, totalmente amurallado, donde conviven los monumentos, palacios mansiones, templos romanos, árabes del siglo XIV –XVI, con casas, negocios de la ciudad, entre callejones, callecitas empinadas. Todo se recorre a pie entre un
laberinto de calles, imposible hacerlo si no se tiene un mapa bien señalizado.
Ángel definió el lugar como una célula con un núcleo central el cual se va
abriendo.
Vemos que algunas iglesias se convierten en museo para hacer muestras plásticas, otras están cerradas y otras muestran sus paredes cubiertas por mosaicos.
El caminar hace que nos encontremos con otros turista, el tiempo se entremezcla con la charla espontánea, o el mozo brasileño que se ríe de la vida y acompaña nuestro consabido café de la tarde en la plaza central. Salimos en busca del auto, un estacionamiento público de 1€ el día.
Muy cansados, sumamente contentos de la selección de lugares que vamos haciendo. No hay duda que en el camino irán quedando muchas cosas importantes que no hemos conocido, éstas que vamos aprehendiendo nos han parecidas magníficas. Mañana regresamos a Lisboa, mucho más moderna y con tantísimos contrastes.
13 de mayo
Hacia Lisboa………..
Sin apuro salimos de Evora, antes de ingresar al centro de Lisboa entramos a conocer Belén.
Nos acercamos hacia la orilla del Tajo, donde se ve la torre de Belén. Lisboa era antaño la capital de un inmenso imperio marítimo, del que la Torre es el emblema.
El monumento de los Descubrimientos tiene forma de carabela, personajes históricos en gran tamaño trepan por esa proa. Al pie un mosaico de mármol que representa una rosa de los vientos, donde hay un mapamundi. De allí cruzamos hacia San Jerónimo.
Nos encontramos con una gran fuente que enmarca el frente del monasterio. El viento jugaba un poco con el agua y nosotros.
“El Monasterio de San Jerónimo es una maravilla de arquitectura…Trabajaron mucho los arquitectos del manuelino. Nunca hicieron nada más perfecto que esta bóveda de la nave ni nada tan osado con el transepto”
Este monasterio fue construido en agradecimiento a los viajes donde encontraron especias, pimienta, canela, clavo de olor.
En la entrada está la iglesia, que se cubre de turistas y deja de tener las características propias de silencio. Grandes columnas, grandes espacios.
Nos habían recomendado probar la pastelería de la Antigua Cafetería Belén, justo en la parada del tranvía. Estaba repleta de gente y con grandes colas de espera, decidimos dejarla. (Haga la cola, pruebe la pastelería, es única).
Tomamos el auto para ir al centro de la ciudad, dimos algunas vueltas para salir, llegamos al Hotel Fénix Urbano, con una arquitectura fría, seca. Una gran habitación, cómoda.
Salimos a pie. Lisboa no justifica el sacrificio de manejar en una gran ciudad. Solucionamos en TAP nuestra “desaparición” del vuelo. Una cena simple muy cerca del hotel y el adiós a Lisboa.
14 de Mayo
Chau Lisboa.
Dejamos en el aeropuerto el auto y en 50 minutos aterrizamos en Madrid. Metro por medio al Hostal María Luisa (Hab 5) pequeña pero confortable.
Salimos a recorrer los alrededores disfrutando del centro de Madrid, cenamos con Viky en su depto quien nos agasajó con una comida mejicana. Un encuentro muy cálido.
15 de mayo
Madrid nos dice adiós en
San Isidro.
San Isidro es el patrono de Madrid, por lo tanta el 15 de mayo es un día festivo, a esto se unió la conmemoración de los 100 años de la Gran Vía.
Una gran alfombre de 14 cuadras, cubrió con azul a esta avenida. Un escenario
montado nos posibilita por la mañana escuchar un ensayo de la orquesta y por la
tarde ver a Iñaki Urlezaga bailando tango de Piazola junto a un grupo de danza
argentino.
Los madrileños con trajes típicos de chulos y goyescos invadieron las calles céntricas. En realidad era un mundo de gente que iba y venía.
La mañana templada nos permitió caminar en el parque del Retiro, algunas fotos al Palacio de Cristal y aquellos lugares que nos iban atrapando.
Disfrutamos de los festejos. Terminamos de arreglar nuestro equipaje y en Metro al Aeropuerto de Barajas, allí lo desagradable de algunos empleados autoritarios del mismo aeropuerto. El encuentro con algunos de aquellos que viajaron en el tours y que como nosotros regresaban, charla anécdotas y un largo viaje de regreso.
“Viajar es descubrir, el resto es simplemente
encontrar” (Pag 259)
“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje”
Viajar debería ser cosa de otro concierto, estar más y andar menos. J.Saramago.
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