Croacia.
Split. El palacio que se convirtió en ciudad

El palacio que se convirtió en ciudad.
Situada en la costa oriental del mar Adriático, Split es la ciudad más grande y una de las más antiguas de la región croata de Dalmacia. Caminar por Split es recorrer un palacio habitado, donde la historia late entre cafés y conversaciones al sol.
- En la planta baja del edificio se pueden observar negocios, incluyendo una librería "znanje" y un cajero automático.

Ángel, bajo uno de los arcos milenarios del Palacio de Diocleciano — donde la historia se atraviesa a pie.
El corazón de Split late dentro de un palacio romano. El Palacio de Diocleciano, construido entre los siglos III y IV por encargo del emperador que le dio su nombre, es hoy Patrimonio de la Humanidad. Uno de los mejor conservados del mundo, su planta rectangular tiene torres en cada esquina y cuatro puertas, cada una asociada a un metal:
Cruzar uno de esos arcos es, literalmente, entrar en la historia.
Las puertas del tiempo.
Su diseño responde a una planta rectangular, con torres en cada esquina y cuatro puertas, cada una asociada a un metal:
• Puerta de Oro (norte)
• Puerta de Plata (este)
• Puerta de Hierro (oeste)
• Puerta de Bronce o Aenea (sur)
La puerta Norte era por donde entraba el emperador y su familia.
Gregorio de Nin y el deseo secreto.
Antes de cruzar la puerta, mirando hacia atrás, se ve una gran estatua: una figura de bronce de más de ocho metros dedicada al obispo Gregorio de Nin, defensor de la lengua croata.
Tocarle el dedo pulgar se considera un gesto de buena suerte.

Estadio
El estadio Poljud, inaugurado en 1979, tiene capacidad para 35.000 espectadores y es la casa del Hajduk Split, uno de los clubes más populares de Croacia. También sede de la selección nacional. Lo vimos desde el bus, de paso — pero esa cubierta en forma de concha no pasa desapercibida.
El Peristilo: poder y espectáculo
El Peristilo era el espacio ceremonial donde el emperador, considerado hijo de Júpiter, se presentaba ante el pueblo, recibiendo saludos y reafirmando su poder. Hoy es un espacio público vibrante, donde se celebran eventos culturales y los visitantes disfrutan de su atmósfera majestuosa.
La Pjaca —Narodni trg— es el corazón palpitante del casco histórico de Split. Rodeada de edificios medievales y renacentistas, con su torre del reloj presidiendo la escena, hoy es un espacio vibrante de cafés, mercados y visitantes. Difícil imaginar que todo este bullicio convive, a pocos pasos, con dos mil años de historia romana.A la tarde, con las piernas cansadas de tanto caminar, un café en la Pjaca es la mejor decisión del día.La torre del reloj preside la Pjaca, el salón al aire libre de la ciudad.
Aquí comienza el descenso hacia la memoria
El cielo azul filtrado por el óculo, la piedra abierta hacia la luz. Aquí la piedra se abre para dejar pasar la luz

Desde el paseo marítimo, Split se refleja en las aguas tranquilas del Adriático.
El Palacio Nakić preside la Pjaca con su fachada curva y sus balcones de hierro forjado — elegancia centroeuropea en pleno corazón mediterráneo.
Las ruinas se extienden por toda la ciudad e incluyen más de 200 edificios, aunque en su época fueron miles. Dentro de los muros de piedra blanca y bajo sus patios conviven una catedral, tiendas, cafés, bares, hoteles y viviendas — lo antiguo integrado con lo cotidiano de manera tan natural que asombra.
Aquí comienza el descenso hacia la memoria:
Sótanos, basura y redención
El sótano del palacio fue construido para sostener el piso superior y originalmente se usaba como espacio de almacenamiento. Con el tiempo, cuando el nivel superior se convirtió en barrio habitado, los residentes arrojaban sus residuos allí abajo. Así durante siglos. En los años 50 comenzaron las excavaciones, se limpió todo, y desde entonces el turismo se convirtió en una de las actividades más redituables de la ciudad. El sótano, por cierto, fue escenario de Juego de Tronos — detalle que no pasa desapercibido para ningún visitante.
Split es también conocida por su puerto, desde donde parten numerosos cruceros durante la temporada alta. Es, además, un excelente punto de partida para explorar la costa dálmata, con sus islas y pueblos costeros.
La Catedral de San Duje y la plaza Peristil refuerzan el encanto romano del centro histórico, sumando belleza y solemnidad al conjunto arquitectónico.


Cuando cae el sol, Split se transforma. Las callecitas del casco histórico se llenan de luz cálida, música y el aroma de las cocinas abiertas. Buscar dónde cenar es, en sí mismo, un placer.
La cocina mediterránea de Split, en todo su esplendor.
Un desvío hacia la maravilla: Plitvice.
Aunque no está en Split, el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice merece una mención especial. Lo visitamos en excursión desde la
ciudad, parte de una organización impecable: cada mañana, luego de un buen desayuno, el grupo partía temprano hacia los distintos destinos. A partir de las 16 recuperábamos la libertad. Y en todo momento, nuestra guía Claudia — una verdadera maestra — nos indicaba por dónde ir, qué hacer y dónde comprar sin arruinar el presupuesto.
La reserva forestal de 295 km², ubicada en el centro de Croacia, deslumbra por el color turquesa de sus aguas. Sus 16 lagos están conectados por cascadas y se pueden recorrer a pie por senderos que los rodean o atraviesan, o incluso en bote eléctrico, que permite apreciar el paisaje desde el agua.

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