Roma, siempre Roma.
Desde Alatri a Roma
Dejamos el auto en el aeropuerto y Roma nos recibió con todo su bullicio. Volvimos al Bed & Breakfast Navona, ya conocido.
Roma no es tan acogedora. Se la nota más sucia, más desordenada, y las conexiones no son ágiles. El negocio prima: todo es más caro, y la variedad de precios no depende del lugar sino del turista, que representa euros. En general se muestran simpáticos, habladores, aunque con una simpatía que a veces parece más calculada que genuina.
Puente sobre el río Tíber con arboleda y tejados de Roma al fondo
Escalinatas hacia la orilla del Tíber con ciclistas y paseantes, y un puente romano al fondo
Hay que buscar bien dónde comer: la oferta es tantísima y no todo es óptimo. Vale la pena caminar un poco y alejarse del gran centro turístico.
Nosotros frente a la Basílica de San Pedro en la Plaza del Vaticano, Roma
Ángel sonriente en el interior de la Basílica de San Pedro, con el baldaquino de Bernini al fondo
El café siempre es muy bueno y fuerte. Hay que tener en cuenta que tomarlo sentado cuesta prácticamente el doble que en la barra, así que conviene preguntar el precio antes de que lo sirvan.
Y si hay que hacer cola, se hace: la Gelateria Frigidarium, a pasos de Plaza Navona, tiene los helados más ricos de Roma. El secreto: sumergen el cono en chocolate líquido que se endurece al instante, sin costo extra
Artista callejera haciendo burbujas gigantes mientras niños corren a atraparlas en una plaza de Roma
Cuando el espectáculo callejero o el cansancio lo exigen, sentarse a disfrutar del bullicio romano tiene su encanto: por las mañanas, por ejemplo, frente al mercado de Campo de' Fiori.
Mercado de Campo de' Fiori por la mañana, con puestos y turistas bajo el cielo azul de Roma
Roma agota. Hay tantísima gente recorriéndola, y los sábados y domingos todos los lugares están atestados; los turistas lo invadimos todo.

Farola de hierro forjado en la columnata de Bernini, Plaza de San Pedro, Vaticano
Lo mejor es caminarla, atravesarla. Hay bicicletas en alquiler, motos, y unos pequeños autitos eléctricos muy prácticos para dos personas, aunque seguramente costosos. El auto, en cambio, no le va a solucionar nada a nadie.
Cúpula de la Basílica de San Pedro iluminada de noche, vista desde la Via della Conciliazione, Roma
El grito, el hablar fuerte, el discutir acaloradamente: todo eso forma parte del paisaje de Roma.





