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6.25.2010

Ciudades imperiales 3

 

Bratislava: bulliciosa

Salimos de Praga hacia Budapest el 1 de mayo. No había demasiado tránsito y un día de sol nos acompañaba; disfrutamos de un paisaje agrícola, de los pinos que bordean la ruta y del amarillo de las plantaciones de colza. Viajamos por una antigua carretera (de 1950) que unía la República Checa con Yugoslavia: construida con trozos de cemento y anchas juntas, transitar por ella daba la sensación de ir con las ruedas pinchadas.

Llegamos a Bratislava, la capital de Eslovaquia, donde vimos por primera vez el Danubio, con un puerto de gran actividad. Ya en la ciudad nos encontramos con festejos muy coloridos: la sentimos acogedora, con una gran oferta artística en las calles, mucho bullicio y mucha alegría en cada rincón que recorrimos. Luego de un almuerzo con una cerveza —dicen que es la mejor— partimos hacia Budapest.


      Hermosas cerámicas, tentadoras, la pregunta es: resistirá un viaje en nuestras valijas?


Bratislava está sembrada de estatuas de bronce que sorprenden al doblar cada esquina: el obrero Čumil asomado por una alcantarilla, o el elegante Schöne Náci saludando con su galera                     


Slovenské národné divadlo
(Teatro Nacional Eslovaco). Es la sede histórica, inaugurada en 1886, y funciona como sede de ópera, ballet y teatro dramático.

Ingresamos al hotel Ramada (habitación 6617). Buena cena, charla y una recorrida por la plaza pegada al hotel; el cansancio de tanto andar nos mandó a dormir.

Un domingo en Budapest: la visita panorámica

Por la mañana partimos a una visita panorámica de Budapest: seductora, romántica, amplia, majestuosa. Allí están Buda, la vieja ciudad medieval construida sobre la colina, y Pest, el ensanche de la gran urbe.

Nuestro guía era Jorge, con un fuerte compromiso hacia la ciudad y su historia; decía que "el milagro es haber conservado esta ciudad, y la necesidad de seguir conservándola". Con lluvia llegamos a la Plaza de los Héroes, donde está el Memorial del Milenio, que muestra a las siete tribus magiares que fundaron Hungría. Salimos de la plaza por la avenida Andrássy y vimos el zoológico, los baños termales, el castillo de Buda junto al Puente de las Cadenas, y la ópera, un edificio neorrenacentista. Nos maravillamos con el Parlamento.

El idioma es completamente diferente al nuestro, de raíces asiáticas, muy difícil de "percibir" lo que hablan. El Danubio, fuente de inspiración para numerosos artistas, separa a Buda de Pest; enormes puentes unen ambas orillas, así Buda —la antigua sede real y la zona residencial— se va reuniendo con Pest, el corazón económico y comercial de la ciudad, de edificios modernos. El Parlamento, la Basílica de San Esteban, el barrio de Buda y el río Danubio son, entre otros, los atractivos más importantes de la capital de Hungría. Subimos hasta el barrio del castillo, donde está el Palacio Real de estilo barroco y la iglesia de Matías.

                            


La tarde libre y el atardecer sobre el Danubio

Por la tarde salimos a nuestro ritmo. Subimos a la línea azul del subte, bajamos para caminar hasta la catedral de San Esteban, la recorrimos por dentro y luego subimos hasta el mirador, desde donde hay una visión total y magnífica de Budapest. 



Catedral de San Esteban.

Desde ahí caminamos hacia el Parlamento y lo fotografiamos por fuera después, combinando subte por la línea amarilla, bajamos en la ópera y seguimos la caminata hacia todos los lugares que nos iban llamando la atención, con una parada en el café "El Costa" para reponer fuerzas y recorrer las calles paralelas y perpendiculares al Danubio. La música nos fue acompañando en cada momento: toda una fiesta, ese domingo en Budapest.

                                             

 Los libros, las calles coloridas, la música. Todo fue acompañando un entretenido paseo.

Esperamos el atardecer para navegar por el Danubio. Un espectáculo inigualable, mágico: comenzaron a iluminarse los palacios, monumentos, edificios y puentes —el de las Cadenas, el Elizabeth— y todo se fue reflejando en el río, que no es tan azul ni tan traslúcido como dicen. Imperdible.   

 



Cenamos algo en el centro y volvimos triunfales en subte —hay que recordar que siempre hay que tickear los pasajes, porque las guardias esperan a los turistas desprevenidos y controlan fecha y hora—. Nos llamó la atención la cantidad de gente joven en las calles: Budapest se ve como una ciudad joven, que va creciendo. Nos despedimos de ella con lluvia y gastando los últimos florines, la moneda de Hungría


  • Ramada by Wyndham Budapest City Center

Petőfi Sándor utca 14, distrito V (Belváros-Lipótváros)

1052 Budapest

6.14.2010

Madrid

Epílogo: dejamos atrás la Europa central

Del hotel al aeropuerto, con lluvia. Madrid nos espera; dejamos atrás la Europa central, con sus idiomas lejanos a los nuestros, esa gente de gestos algo toscos, esa historia dolorosa, y una libertad que va conociendo otra forma de vida.

Cada viaje marca el alma, cada viaje muestra eso tan fuerte, tan íntimo. Algo, creo, se nos pega; nos llevamos apenas un pedacito. Esa mirada, ese ademán, ese gesto, esa palabra que nos orienta, aromas, imágenes que ya no volveremos a ver pero que buscaremos recuperar en cada fotografía, en cada símbolo o chuchería que juntamos. Comenzamos a vivir con el recuerdo.

Un largo día en Madrid

Madrid: nuestro idioma nos acompaña. Por la noche llegamos y nos instalamos en el hotel Florida Norte (habitación 659), ubicado estratégicamente, con una estación y un centro comercial cruzando la calle.

Llegamos a Madrid y nos encontramos con un regalo: los festejos por los 100 años de la Gran Vía. Una gran alfombra azul, madrileños vestidos con sus trajes tradicionales, y un espectáculo continuo — un tango de regalo, como si tocaran para nosotros.


                                     

                                           Un encuentro muy 'chulo': un grupo de chulapos vestidos de época nos dejó sacarles fotos, con la mejor onda.

Luego de un buen desayuno partimos a una visita panorámica de Madrid. En ella recorrimos algunos de los grandes íconos de la ciudad: el Estadio Santiago Bernabéu, la Plaza de Toros de Las Ventas, el monumento a Cibeles y su fuente.

 
                                                    Plaza de Toros de Las Ventas
                                                   

Nos dimos un paseo por el Parque del Retiro: el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez, y alguna escultura sorpresa entre los árboles.

                                                     De fondo el Palacio de Cristal.

Esta icónica estructura de casi 19 metros de altura se encuentra en la Plaza de Juan Goytisolo.   
                                         


                      Palacio de Velazquez, se encuenta en el Parque del Retiro, construido por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, funciona como una de las sedes del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía        

                                                 Iglesia de San Manuel y San Benito
                              
                               Esta justo enfrente del Parque Retiro, en la Calle Alcalà, 83
 Es una de las mejores y pocas muestras de arquitectura de estilo neobizantino en la capital española.

Por la tarde fuimos al museo Reina Sofía —tomamos el subte en Príncipe Pío, línea 1 Atocha, y desde ahí a muy poca distancia el ingreso al museo—. Disfrutamos de las distintas colecciones; no había duda de que queríamos llegar al Guernica.

¡Oh Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.
(Una estrofa de la "Oda a Salvador Dalí" de Federico García Lorca)

Aranjuez en tren

Decidimos conocer el Palacio Real de Aranjuez, uno de los Reales Sitios de la monarquía española. Está a orillas del río Tajo y fue usado como residencia de primavera de los monarcas españoles. Su decoración actual recoge mobiliario del siglo XVIII: cuadros muy hermosos, piezas de porcelana, cristales y un gran Salón de los Espejos. Fue inspiración del compositor Joaquín Rodrigo para su Concierto de Aranjuez.

La fachada principal es imponente. Fue un día con pocas visitas turísticas, así que el recorrido resultó agradable. Los jardines que rodean el palacio son una serie de bosquecillos, parques, variedad de árboles y flores, ornamentos y estatuas, con tres fuentes: la de Hércules, la de Anteo y la de Ceres.

Por la noche nos despedimos del grupo con el que habíamos hecho todo el recorrido. En la tardecita, un encuentro con Viky —una vieja amiga de nuestra hija, que hoy vive lejos pero ese día nos acompañó a conocer la noche por Madrid—: el mercado de San Miguel, transformado en un lugar para tomar o comer algo, estaba repleto de gente. Un cafecito y una carrot cake.
                               Nos despedimos desde un aeropuerto impactante, Barajas, con la idea de regresar algún día.

                            

                       

Abajo hay un link que tiene muy buena información de como llegar del Aeropuerto al centro de Madrid.


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