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6.27.2010

Ciudades imperiales 2

                 

                                                         Vista de Praga       



Llegada a Praga

En el viaje nos dieron algunas palabras en checo, recomendaciones para movernos por la ciudad y una advertencia sobre la tosquedad de los checos. La moneda oficial de la República Checa es la corona checa (CZK o Kč).

A las 14 llegamos a Praga y nos alojamos en el Clarion Congress Hotel. Tomamos el metro, cercano al hotel —sabíamos que había que ir en dirección Ziclin (Z) y, de regreso, dirección C— y así llegamos hasta la plaza central. Caminamos, nos admiramos, charlamos: nos gustó ir reconociendo de a poco

una gran ciudad, muy turística.

Conociendo Praga

Con un día soleado partimos hacia el centro histórico. Nuestra guía era checa y se caracterizó por su apuro en llegar a todo lugar.

Praga se asienta a ambos lados del río Moldava 

                             Río Moldava con el Castillo de Praga al fondo  

Está dividida en cinco barrios, cuyos nombres corresponden a las cinco ciudades que originariamente crecieron a sus orillas: Staré Město (la Ciudad Vieja, el centro), el Barrio Judío (Josefov); al otro lado del río, Malá Strana (Barrio Menor), con su zona elevada llamada Hradčany; y al sur, Nové Město, la Ciudad Nueva.

La Plaza de la Ciudad Vieja

Comenzamos el recorrido por la Plaza de la Ciudad Vieja, un hermoso espacio público rodeado de monumentos. Vimos desde afuera la Iglesia de San Nicolás, el Teatro Municipal, la Torre de la Pólvora y la Casa de la Virgen Negra. En la plaza de Wenceslao escuchamos algo de la historia vivida en Praga.





Torre del Ayuntamiento





Frente a un edificio típico de fines del siglo XIX en Praga.




Contemplamos desde afuera el teatro donde se estrenó la ópera Don Giovanni, con la impresionante escultura de "El Comendador" a un costado.



 El fin de la mañana fue para el espectáculo del reloj astronómico de la municipalidad, de un encanto particular: esperamos que los doce apóstoles y el canto del gallo nos dieran la hora, todo coronado por un trompetista que, desde lo alto de la torre, interpreta música y espera los aplausos de los siempre amontonados turistas.

   



La vista general de la torre con Týn 

El Barrio Judío

Caminamos rápidamente por la calle Paris hacia el Barrio Judío: vimos las sinagogas y las callecitas que llevan al cementerio judío.

El castillo y sus alrededores

Luego de un descanso nos dirigimos hacia el castillo de Praga, que se muestra imponente, rodeado de árboles y jardines —sus imágenes desde afuera son mucho más arrolladoras que la visita interna—. Desde lo alto se ve magníficamente toda la ciudad. Bajamos por la calle J. Neruda, donde las casas se identifican con signos en lugar de números; muchas son hoy lugares para comer o tiendas de artesanías, en una zona pintoresca que conviene caminar despacio.

Puerta de ingreso al Castillo

Patio interior del castillo    

Continuamos hasta la catedral de San Vito, de estilo neogótico,




                                 Interior de la Catedral San Vito


 Pasamos por el Callejón del Oro, con sus casitas pegadas al muro —en una de ellas dicen que vivió Kafka—. 

                                        

                                        Callejón de oro



Por último llegamos a la iglesia de Santa María de la Victoria, donde está el Niño Jesús de Praga.

Una primera impresión

De esta visita nos quedó la sensación de conocer todo demasiado rápido y sin mucha organización. Todavía no habíamos cruzado el famoso puente Carlos, que separa la ciudad en dos mitades: por un lado el castillo y Malá Strana, por otro la Ciudad Vieja y el Barrio Judío.

En pleno empedrado de la Plaza de la Ciudad Vieja, una placa de bronce marca el antiguo meridiano de Praga, el punto que hasta el siglo XIX regulaba la hora oficial de la ciudad.

                     

                                   

Se percibe la fuerte impronta que dejó la invasión alemana, la adhesión obligada al bloque comunista y la Primavera de Praga del 68. Hoy se ve, en cambio, una gran adaptación al Mercado Común Europeo.

Festejando

Praga es uno de los lugares más bonitos del mundo, un lugar mágico, el paraíso de los románticos. Y el 30 fue, además, un día de festejo: mi cumpleaños, el regalo prometido.

Salimos luego de un desayuno sin apuros y tomamos el subte hacia Malá Strana. Disfrutamos de las calles serpenteantes, de las subidas y bajadas, nos detuvimos en los distintos emblemas de las fachadas de las casas de la calle Nerudova, nos perdimos por los barrios, hasta llegar al puente Carlos (en checo, Karlův most), el más viejo de la ciudad, que atraviesa el río Moldava. 

 


 Sus torres góticas marcan el ingreso; las estatuas a los costados, junto a los músicos, pintores y artesanos instalados sobre el puente, hacen que recorrerlo sea un disfrute pleno. Es un lugar sumamente asombroso: el río enmarca el paisaje y le da un romanticismo muy particular. Hay algo, eso sí, que rompe un poco el encanto: la gran cantidad de gente, en  su mayoría, como nosotros, turistas.                          

Cruzamos al fin el puente y llegamos a la Ciudad Vieja, donde seguimos recorriendo calles y plazas. La primavera, con los tulipanes en flor, los malvones y los cerezos, le daba un toque de color a cada rincón.

Praga se recorre a pie; los subtes funcionan bien y son rápidos. En la República Checa se estima que cada persona bebe 157 litros de cerveza por año. Es un país caro, y su cocina no es de las mejores.

La historia, la mezcla de estilos en su estética, la han convertido, según los expertos viajeros, en la ciudad más interesante para conocer.


Clarion Congress Hotel,  

Freyova 945/33, Vysočany, Praga 9



6.25.2010

Ciudades imperiales 3

 

Bratislava: bulliciosa

Salimos de Praga hacia Budapest el 1 de mayo. No había demasiado tránsito y un día de sol nos acompañaba; disfrutamos de un paisaje agrícola, de los pinos que bordean la ruta y del amarillo de las plantaciones de colza. Viajamos por una antigua carretera (de 1950) que unía la República Checa con Yugoslavia: construida con trozos de cemento y anchas juntas, transitar por ella daba la sensación de ir con las ruedas pinchadas.

Llegamos a Bratislava, la capital de Eslovaquia, donde vimos por primera vez el Danubio, con un puerto de gran actividad. Ya en la ciudad nos encontramos con festejos muy coloridos: la sentimos acogedora, con una gran oferta artística en las calles, mucho bullicio y mucha alegría en cada rincón que recorrimos. Luego de un almuerzo con una cerveza —dicen que es la mejor— partimos hacia Budapest.


      Hermosas cerámicas, tentadoras, la pregunta es: resistirá un viaje en nuestras valijas?


Bratislava está sembrada de estatuas de bronce que sorprenden al doblar cada esquina: el obrero Čumil asomado por una alcantarilla, o el elegante Schöne Náci saludando con su galera                     


Slovenské národné divadlo
(Teatro Nacional Eslovaco). Es la sede histórica, inaugurada en 1886, y funciona como sede de ópera, ballet y teatro dramático.

Ingresamos al hotel Ramada (habitación 6617). Buena cena, charla y una recorrida por la plaza pegada al hotel; el cansancio de tanto andar nos mandó a dormir.

Un domingo en Budapest: la visita panorámica

Por la mañana partimos a una visita panorámica de Budapest: seductora, romántica, amplia, majestuosa. Allí están Buda, la vieja ciudad medieval construida sobre la colina, y Pest, el ensanche de la gran urbe.

Nuestro guía era Jorge, con un fuerte compromiso hacia la ciudad y su historia; decía que "el milagro es haber conservado esta ciudad, y la necesidad de seguir conservándola". Con lluvia llegamos a la Plaza de los Héroes, donde está el Memorial del Milenio, que muestra a las siete tribus magiares que fundaron Hungría. Salimos de la plaza por la avenida Andrássy y vimos el zoológico, los baños termales, el castillo de Buda junto al Puente de las Cadenas, y la ópera, un edificio neorrenacentista. Nos maravillamos con el Parlamento.

El idioma es completamente diferente al nuestro, de raíces asiáticas, muy difícil de "percibir" lo que hablan. El Danubio, fuente de inspiración para numerosos artistas, separa a Buda de Pest; enormes puentes unen ambas orillas, así Buda —la antigua sede real y la zona residencial— se va reuniendo con Pest, el corazón económico y comercial de la ciudad, de edificios modernos. El Parlamento, la Basílica de San Esteban, el barrio de Buda y el río Danubio son, entre otros, los atractivos más importantes de la capital de Hungría. Subimos hasta el barrio del castillo, donde está el Palacio Real de estilo barroco y la iglesia de Matías.

                            


La tarde libre y el atardecer sobre el Danubio

Por la tarde salimos a nuestro ritmo. Subimos a la línea azul del subte, bajamos para caminar hasta la catedral de San Esteban, la recorrimos por dentro y luego subimos hasta el mirador, desde donde hay una visión total y magnífica de Budapest. 



Catedral de San Esteban.

Desde ahí caminamos hacia el Parlamento y lo fotografiamos por fuera después, combinando subte por la línea amarilla, bajamos en la ópera y seguimos la caminata hacia todos los lugares que nos iban llamando la atención, con una parada en el café "El Costa" para reponer fuerzas y recorrer las calles paralelas y perpendiculares al Danubio. La música nos fue acompañando en cada momento: toda una fiesta, ese domingo en Budapest.

                                             

 Los libros, las calles coloridas, la música. Todo fue acompañando un entretenido paseo.

Esperamos el atardecer para navegar por el Danubio. Un espectáculo inigualable, mágico: comenzaron a iluminarse los palacios, monumentos, edificios y puentes —el de las Cadenas, el Elizabeth— y todo se fue reflejando en el río, que no es tan azul ni tan traslúcido como dicen. Imperdible.   

 



Cenamos algo en el centro y volvimos triunfales en subte —hay que recordar que siempre hay que tickear los pasajes, porque las guardias esperan a los turistas desprevenidos y controlan fecha y hora—. Nos llamó la atención la cantidad de gente joven en las calles: Budapest se ve como una ciudad joven, que va creciendo. Nos despedimos de ella con lluvia y gastando los últimos florines, la moneda de Hungría


  • Ramada by Wyndham Budapest City Center

Petőfi Sándor utca 14, distrito V (Belváros-Lipótváros)

1052 Budapest

El Museo del Ladrillo

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