6.14.2010

Madrid

Epílogo: dejamos atrás la Europa central

Del hotel al aeropuerto, con lluvia. Madrid nos espera; dejamos atrás la Europa central, con sus idiomas lejanos a los nuestros, esa gente de gestos algo toscos, esa historia dolorosa, y una libertad que va conociendo otra forma de vida.

Cada viaje marca el alma, cada viaje muestra eso tan fuerte, tan íntimo. Algo, creo, se nos pega; nos llevamos apenas un pedacito. Esa mirada, ese ademán, ese gesto, esa palabra que nos orienta, aromas, imágenes que ya no volveremos a ver pero que buscaremos recuperar en cada fotografía, en cada símbolo o chuchería que juntamos. Comenzamos a vivir con el recuerdo.

Un largo día en Madrid

Madrid: nuestro idioma nos acompaña. Por la noche llegamos y nos instalamos en el hotel Florida Norte (habitación 659), ubicado estratégicamente, con una estación y un centro comercial cruzando la calle.

Llegamos a Madrid y nos encontramos con un regalo: los festejos por los 100 años de la Gran Vía. Una gran alfombra azul, madrileños vestidos con sus trajes tradicionales, y un espectáculo continuo — un tango de regalo, como si tocaran para nosotros.


                                     

                                           Un encuentro muy 'chulo': un grupo de chulapos vestidos de época nos dejó sacarles fotos, con la mejor onda.

Luego de un buen desayuno partimos a una visita panorámica de Madrid. En ella recorrimos algunos de los grandes íconos de la ciudad: el Estadio Santiago Bernabéu, la Plaza de Toros de Las Ventas, el monumento a Cibeles y su fuente.

 

                                                   

Nos dimos un paseo por el Parque del Retiro: el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez, y alguna escultura sorpresa entre los árboles.

                                         


                                         

                                            
                                                 Iglesia de San Manuel y San Benito
                              Esta justo enfrente del Parque Retiro, en la Calle Alcalà, 83
 Es una de las mejores y pocas muestras de arquitectura de estilo neobizantino en la capital española.

Por la tarde fuimos al museo Reina Sofía —tomamos el subte en Príncipe Pío, línea 1 Atocha, y desde ahí a muy poca distancia el ingreso al museo—. Disfrutamos de las distintas colecciones; no había duda de que queríamos llegar al Guernica.

¡Oh Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.
(Una estrofa de la "Oda a Salvador Dalí" de Federico García Lorca)

Aranjuez en tren

Decidimos conocer el Palacio Real de Aranjuez, uno de los Reales Sitios de la monarquía española. Está a orillas del río Tajo y fue usado como residencia de primavera de los monarcas españoles. Su decoración actual recoge mobiliario del siglo XVIII: cuadros muy hermosos, piezas de porcelana, cristales y un gran Salón de los Espejos. Fue inspiración del compositor Joaquín Rodrigo para su Concierto de Aranjuez.

La fachada principal es imponente. Fue un día con pocas visitas turísticas, así que el recorrido resultó agradable. Los jardines que rodean el palacio son una serie de bosquecillos, parques, variedad de árboles y flores, ornamentos y estatuas, con tres fuentes: la de Hércules, la de Anteo y la de Ceres.

Por la noche nos despedimos del grupo con el que habíamos hecho todo el recorrido. En la tardecita, un encuentro con Viky —una vieja amiga de nuestra hija, que hoy vive lejos pero ese día nos acompañó a conocer la noche por Madrid—: el mercado de San Miguel, transformado en un lugar para tomar o comer algo, estaba repleto de gente. Un cafecito y una carrot cake.
                               Nos despedimos desde un aeropuerto impactante, Barajas, con la idea de regresar algún día.

                            

                       


2.19.2006

Villa Pehuenia, Aluminé y Moquehue

 19 de febrero de 2006 — De Neuquén a Villa Pehuenia

Saliendo desde Neuquén por ruta 22 se llega a Zapala, allí hay buena "Información Turística", se sigue por asfalto hasta Primeros Pinos donde comienza a recorrerse una ruta de ripio transitable y con algunas sorpresas, por ejemplo ver unos caballos pastando y durmiendo, dicen que son de los crianceros. Siguiendo una hora más llegás a la Villa al borde del lago Aluminé donde comienza el circuito Pehuenia, llamado así porque allí crecen los mejores pehuenes (araucarias araucanas)

24 de marzo de 2006 — Arribando a Villa Pehuenia

Llegar a la Villa es comenzar a disfrutar del paisaje. El lago Aluminé atrapa la vista y los demás sentidos, parece que estás en un lugar encantado, y algo de eso hay, el mundo comienza a transformarse, queres estar allí y no dejar el lugar, queres que las imágenes no se borren de tu mente.

La tranquilidad del lago y su color azul transmiten sensaciones que van entrando en el cuerpo, en el alma, hay algo mágico que llega desde lo más profundo del lago para instalarse en lo más profundo de nuestro ser.

Villa Pehuenia está pegada a la cordillera, se ingresa por la ruta de ripio Nº 13, La Oficina de turismo da alguna información, se continúa por la ruta bordeando el lago, y nada molestan los pocos negocios que se ven.

Al ingresar a la Villa, se bordean distintos lugares del lago, todos son muy imponentes, cada unos con particularidades, se forman bahías, entre las montañas, se ven caer arroyos, cascadas, todo en un continuo que se transforma sin repetirse.



25 de marzo de 2006 — Recorriendo Batea Mahuida

Saliendo de Villa Pehuenia, a una distancia de 8 kms, con rumbo a Moquehue, se encuentra el camino hacia Batea Mahuida, es una vista obligada, ¡la mejor!

Batea es un volcán, que "apagó eternamente su furia y dejó que en su cráter se formara una laguna", una gran depresión en forma de batea. En invierno se cubre de nieve, es un centro de esquí.

"Cambió fuego por agua, y permitió que los mapuches, históricos moradores del lugar, construyeran alrededor de él su vida cotidiana."

Empezando el recorrido se encuentra un cartel bien claro que manifiesta que estás transitando territorio de la Comunidad Mapuche, ingresas pagando un mínimo para llegar a la laguna y a la boca del volcán que maravilla, el agua azul rodeada de arena volcánica y la cordillera imponente. Recorrerla por el borde, subir hasta donde queda un poquito de nieve, entrar a la laguna, trepar por la montaña, son experiencias que no se pueden dejar de disfrutar.

De allí se puede ascender a la cumbre, 1948 mts, parece muy fácil alcanzarla, pero hay que subir a pie, cuando con el auto ya no se puede avanzar. Vale la pena el esfuerzo, la mirada de la laguna desde arriba es espectacular, también se ve el volcán Icalma del lado chileno.

Dejando el límite con Chile, y abandonando ese paisaje se puede llegar hasta el mirador de las antenas, desde allí se disfruta la vista total de Villa Pehuenia sobre el lago Aluminé, Angostura y el Moquehue mismo.


El Museo del Ladrillo

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