8.15.2015

Italia y la Puglia 2015.

                   Atardecer sobre el mar Adriático en la costa de Puglia, Italia, con cielo                     naranja y olas suaves en la orilla.

 

                                         Italia y la Puglia. 2015, 2018

 

                      Este relato fue escrito, y vaya a saber por qué misterio, la computadora "se lo tragó". No será lo mismo, pero algo de lo escrito regresará: la memoria colaborará.

Otro viaje, algo diferente: una conexión desde el sur de Italia —la Puglia— nos lleva a pensar que estaremos, insólitamente, viajando hacia el sur. Imposible programar, no sabíamos "niente". Un pasaje a Roma, de ida y vuelta, eso era todo. Para nosotros, que nos gusta saber por dónde andaremos, esto resultaba desconcertante.

Partimos hacia Roma. La reconocimos enseguida, aunque caminamos en exceso por ser el primer día. Al arribar tomamos una minivan conducida por Roberto, agradable, que sabe cuidar su trabajo; nos dejó en la puerta del B&B, y la zona nos cautivó de inmediato: una calle llena de mesas, donde a esa hora ya se juntaba la gente a comer, tomar, conversar. 


Calle de Roma con mesas de restaurantes al aire libre, pizzería y gente paseando, primer día de viaje


Abrazos, risas, emoción en ese primer encuentro y reconocimiento. Algo totalmente nuevo, extraño, quien nos había conectado, allí estaba esperándonos, partimos hacia Lecce.

Anfiteatro romano en la Piazza Sant'Oronzo, en el centro histórico de Lecce, Puglia                        


Situada en el corazón de la península del Salento. Una ciudad barroca, suele conocerse como la Florencia barroca.

Con una gran sonrisa y su cámara de fotos, Pina comenzó a demostrar su cordialidad: con sus ideas, su continua charla, nos hacía sentir cómodos.

    Caminamos Lecce, (será siempre la más linda ciudad de Italia) y de allí a Novoli. El pueblo donde nació el abuelo Angelo De Pascalis. Cuantas emociones.



        Fachada del Teatro de Novoli, en la plaza principal del pueblo, Puglia          Novoli
 
La Puglia una tierra multiforme, tanto del punto de vista geográfico morfológico, cuanto de lo histórico y cultural. Una región bañada por el mar. Hecha de “calera, tierra roja, grandes monumentos”.

Mapa turístico del Salento (Cartoguida del Salento) mostrando la geografía de la región de Puglia, Italia

El habla y el tono italiano se van metiendo dentro de uno (y aún no sabíamos todo lo que nos esperaba).

Nuestro hotel, un B&B llamado Navona Rooms, a pasos de la Plaza Navona —un lugar mágico y soñado para estar en Roma, que invita a recorrer de noche esos rincones de tanto movimiento.

Recorrimos Roma por todas sus calles. 

El Panteón de Roma visto desde la Piazza della Rotonda, con turistas y carabinieri en primer plano

A la mañana siguiente desayunamos temprano en el bar de abajo, con libros a la venta y una pareja italiana amable que atendía con rapidez. Después subimos a la minivan que nos llevó al aeropuerto, para tomar el vuelo a Brindisi, según nos habían indicado.

        Aguas del Jónico                             

Luego conocimos el mar: El Jónico, aguas cálidas, arenas lisas, increíble. Sentí que vivía un gran sueño. Contenta y sumamente emocionada.

                                       

Nos presentaron a Rosana, quien siempre la llevaremos en el recuerdo por su simpleza, cordialidad, y sus tortas que además enseñó hacer.

El domingo una misa que nos emocionó.

Conocimos a Giovanni, mucha alegría en cada encuentro.

El caminar por Lecce, Pina, me hizo comprar unas sandalias: Vía Leuca, Puerta San Biagio, Sto. Oronzo,

                  

                Puerta San Biagio, una de las puertas barrocas del centro histórico de                      Lecce


                                   

                      Santo Oronzo 

Los gestos de ternura familiares quedaron viviendo en el corazón.

Por la mañana Pío nos traslada a Lecce, la recorrimos a nuestro ritmo, saboreamos algún café sin apuro. Regresamos en bus. A la tardecita nos llevan a una fiesta típica en Salento la fiesta de Sto. Oronzo. La Plaza está dedicada a Santo Oronzo patrón de Lecce, que según la tradición fue nombrado primer obispo de la ciudad por San Pablo.

                                 


          Iluminaciones (luminarie) nocturnas durante la fiesta de Santo Oronzo en el            Salento, con multitud reunida en la plaza

          Allí bailamos al ritmo de la tarántula. 

Por la mañana con Pina vamos a una masseria que es una de las características de la campiña italiana de la Puglia. La mejor ricota que recuerdo haber saboreado.

                 

         Vacas alimentándose de heno en una masseria de la campiña de Puglia
         

         De Porto Cesareo a Otranto

Recorrimos Porto Cesareo, Marina de Rocca, Otranto, Gruta de la Poesía, Torre la Pillo. Un día de gran calor.

           

Visitantes en la Gruta de la Poesía con cartel en las rocas, costa del Salento, Puglia
                                 
Interior de la Gruta de la Poesía con aguas turquesas y bañistas, Puglia


Pileta natural en roca calcárea con aguas cristalinas en la costa del Salento





                   


Terraza de restaurante frente al mar en Otranto, con vista al Adriático
                                  


                     
           Torre histórica costera iluminada de noche en el Salento, Puglia            

        Porto Cesareo

Con Pina recorrimos Copertino, una ciudad situada a unos 15 km de Lecce con un castillo medieval. Ingresamos a la Iglesias, alguna del Siglo XIII, un complejo de dominicanos y la iglesia Santa Clara.

           


 Callejón de piedra en el centro histórico de Copertino, Puglia

 



Perro descansando en una fuente de mármol en Copertino, Puglia

 

Corredor de arcos de piedra iluminado en el interior del castillo medieval de Copertino, Puglia"

      Arco monumental barroco decorado con motivos florales en Copertino, Puglia

Por la noche, Pío nos invitó a cenar en el Grand Hotel Tiziano e dei Congressi, en Lecce — un muy buen lugar. Entre los platos, uno nos sorprendió: bife de caballo. Para nosotros, algo totalmente desconocido en la mesa. Podemos encontrar algo de caballo en una mortadela, pero un bife de caballo, jamás habíamos probado.

                           Nardò

          En tren — muy antiguo — fuimos a Nardò, una ciudad del Salento con un                centro histórico encantador. La recorrimos a nuestro ritmo, sin apuros. Al                  regresar a la estación de Novoli, Teresa fue a buscarnos para que no                        camináramos demasiado.                  Siempre estaban cuidándonos.


           Cabina de conductor de tren antiguo en la línea ferroviaria del Salento,                     Puglia

Al “pomeriggio” fuimos a una fiesta.Nos invitaron con pitula. ¡Qué es la pitula? Luego de escuchar el nombre con cierta intriga, descubrimos que no era otra cosa que nuestras tortas fritas. Otro momento de mucha risa: en pocos días habíamos comido caballo y tortas fritas con nombre italiano, en medio de una fiesta con mucho movimiento y alegría. 

                


           Preparación de la masa de pitula en un balde durante una fiesta popular en el Salento    


 

     Fritura de pitula en sartén sobre               fuego a gas durante una fiesta                 tradicional en Puglia




Novoli por la mañana, un concierto en Lecce por la noche en la Universidad, allí conocimos a Lilino, quien años después nos cedería un departamento para nuestra comodidad. Cena en una pizzería y encuentro familiar.

Novoli es una ciudad pequeña de la Puglia, con un ritmo de pueblo. Fuimos entrando y sacando fotos de las distintas iglesias, monumentos y lugares que nos atraían: la iglesia de San Salvatore, Santo Oronzo, la iglesia de San Antonio Abate, Plaza del Teatro.

         


      Iglesia de Novoli, Puglia, con campanario escalonado y fachada neoclásica

Un recorrido por Galatina, Corigliano (con sus Mosaicos, arcos, castillo), Leuca, Santa Maria de Leuca.  

          




Portada con escudo nobiliario en un palacio histórico del Salento, Puglia







 




                  


              Castillo medieval de Corigliano d'Otranto, Puglia, con sus torres                                circulares de piedra

           

          “Per Far la assagalre Agli Ospiti"

Rosana nos trajo un budín de chocolate. Por supuesto una delicia.

Todo en familia

Por la mañana un reencuentro familiar que lleva a los orígenes, la prima mayor. Almorzamos a la italiana con Mimina y Toto. Aperitivo, amarena (licor de ciruelas) realizado por Mimina. Fideos a la bolognesa con un sabor muy especial, carne con papas y gran cantidad de frutas y cono si esto fuera poco el dolce. (Y había que probar y comer todo)

Por la tarde casamiento de la hija de un De Pascalis, donde il prete recibió a los italianos del norte, a los italianos del sur y a los argentinos.

Caminamos por el pequeño centro de Novoli, una ronda de abuelos con los cuales conversamos y fotografiamos. Estas imágenes nos acercan aquellas películas de los años 60. Pero también a esos cuadros que uno tiene grabado en la memoria, gestos, rostros, movimientos de nuestra infancia. allí estaba nuestros antepasados sentados, pero no en la memoria, sino acá en este momento.

     


 Ronda de vecinos mayores sentados en sillas frente al edificio municipal de Novoli por la noche, Puglia

Cerramos con un café cappuccino en la plaza donde los parroquianos en un dialecto propio del lugar nos sonaban como un idioma extraño.

Otranto 

En la orilla oriental del tacón de la boca italiana se alza Otranto. Ciudad antiquísima de la primera ocupación romana. La torre de la Catedral

         


Puerto de Otranto visto desde las murallas, con el mar Adriático al fondo

 

Las Mosaicos de la nave central Piaza Donno Chiesa de San Pietro Castello 


        Mosaico medieval del piso de la Catedral de Otranto, con figuras de animales          y escenas bíblicas

Hacia los Trulli

Las imágenes de los Trulli son una construcción rural, está siempre asociado a La Puglia como una de las expresiones típicas de sus características campestres. Póvola, Brindisi, Taranto son lugares que marcan Alberobello (la ciudad hecha de trulli) Patrimonio de la humanidad, reconocido por la UNESCO.

                 

  

  Patio interior de una casa típica en          Otranto con escalera de piedra y              detalles en azul
 

          Columna de Santo Oronzo iluminada de noche en la Piazza Sant'Oronzo de            Lecce

El clima mejoro, el calor dejo de aplastarnos.

Nos pasan a buscar, sabemos que llegaremos al Alberobello. Pío es un guía excepcional. Un ingreso a San Lorenzo campiña antigua, una casa también antigua.

           

Callejón entre trulli en Alberobello, Puglia, Patrimonio de la Humanidad UNESCO


 






 


                     

                                    Nosotros posando entre los trulli de Alberobello, Puglia                                                                                                                                                                                                                                                 Martina Franca. 

Un arco por el cual se ingresa al casco histórico, callecitas con mucho encanto, laberintos, cada portal es una imagen que deslumbra, iglesias antiquísimas, sonidos, luces, colores, aromas. 

          En el centro histórico nos cruzamos con un casamiento — los novios, los                 invitados, la alegría desbordando las callecitas de piedra.

               


Vista panorámica de Locorotondo desde los campos de cultivo, con la iglesia dominando el pueblo, Puglia

 

Es una elegante población rodeada por una muralla con puertas barrocas. La Plaza de roma, donde está el Palacio Ducal.

                       


             Arco barroco de ingreso al casco histórico de Martina Franca, Puglia

Locorotondo circular, lo mejor de este pueblo es la panorámica que se obtiene desde la carretera entre los campos de cultivo. Muy bello.

                           

Panorámica de Locorotondo entre campos de olivos, pueblo circular de la Puglia
 

             Callecita de Martina Franca con bicicleta apoyada en pared blanca y                         macetas de flores, Puglia

 

De allí un almuerzo extraordinario donde no falto nada.

            Mesa con abundantes antipasti típicos de Puglia durante un almuerzo en                  restaurante del Salento

       

Por la mañana caminamos por el cementerio recorriendo la historia familiar.

                                    


            Catedral de Nardò con rosetón gótico y plaza amplia, Puglia

Por la tarde con la Guía de Pio y Teresa terminamos de armar la “el recorrido de viaje hasta el 19, cuando arribaremos a Roma.

Lluvia, un concierto en Lecce.

Nardò

De la mano de Luiggina recorrimos Nardò, una ciudad del Salento con un centro histórico encantador. Por la mañana exploramos por nuestra cuenta, pero fue por la tarde cuando su conocimiento hizo que viéramos Nardò con otros ojos — cada rincón, cada plaza, cada iglesia contaba algo. Sin ella, muchos de esos detalles nos habrían pasado inadvertidos. Esa noche cenamos en su casa. 

Polignano a Mare

            

             Acantilados rocosos sobre el mar Adriático en Polignano a Mare, Puglia

        Tierra natal de Domenico Modugno, el autor de la inmortal VolareNei blu             dipinto di blu, felice di stare lassù — a quien se le rinde homenaje con una               escultura frente al mar, con los brazos abiertos como en pleno vuelo.


               Leuca         


                  Cruz de piedra en Santa Maria di Leuca, extremo sur de la península                        del Salento, Puglia"

Habría alguna forma para agradecer tanto cariño, afecto, cordialidad, tanto dar, no lo sabemos, no lo sabemos, no lo encontramos.

Las raíces italianas son fuertísimas.

  
Atardecer sobre el mar en Santa Maria di Leuca, extremo sur del Salento, Puglia

Receta


Torta Pastiscotto


    • 500g harina
    • 150 maizena
    • 3 yenmas huevos
    • 1 huevo entero
    • Piel de 1 limon
    • 250 gs azúcar
    • 250 manteca (grasa animal)
    • 1 cucharadita polvo hornear

Al horno y arriba la crema que se hace con los siguientes ingredientes

Para relleno

    • ½ litro de leche
    • 80 gs de harina
    • 20 maizena
    • 150 azucar
    • 4/5 yemas


          

4.12.2012

Colombia, Bogotá, Botero, Catedral de la Sal, Zipaquirá, Cartagena





 

Viaje Colombia

Preparativos, idas, vueltas, charlas, mapas, lecturas: todo nos ayuda para programar el viaje. Siempre existe una gran ansiedad, producida quizás por la incertidumbre que rodea a un lugar desconocido.

Partimos con Aerolíneas Argentinas desde Ezeiza y llegamos al aeropuerto: El Dorado, Bogotá, en horario y con un buen vuelo.

Nos esperaba un taxista previamente contratado, un señor muy amable que fue respondiendo como pudo a tantos interrogantes. Nos trasladó hasta el Hotel Ibis Museo (habitación 1113).

Una llovizna transformada en lluvia nos acompañó en el camino. Nos tomamos un buen rato para reponernos del vuelo y de la noche que no dormimos.

Tarde de Botero

Salimos en busca de un puesto de información turística y a caminar hasta donde las piernas respondieran. 

En nuestra búsqueda de orientación, encontramos este pequeño pabellón neoclásico que funciona como centro de información turística. Elegante y discreto entre los árboles, parece más un capricho arquitectónico de otra época que una oficina de mapas y folletos. Bogotá tiene esa capacidad de sorprender en los detalles.

Los mapas nunca fallan, aunque a veces haya que debatirlos. Dos arquitectos, un plano y Bogotá por descubrir.

A paso rápido, por la Carrera 7, llegamos hasta la Plaza Bolívar y de allí al Museo Botero.    

Un escarabajo convertido en obra de arte circula por La Candelaria. En Bogotá, la creatividad no tiene límites.


El patio colonial del complejo cultural del Banco de la República, que alberga el Museo Botero, el Museo del Oro y otras colecciones. Bogotá tiene una oferta cultural extraordinaria.

Las figuras voluminosas de Botero siempre me intrigaron y atrajeron. Hay algo en esa exuberancia de formas, en esa abundancia casi desafiante, que no te deja indiferente. Luego de recorrer el museo, quedé atrapada entre sus pinturas y esculturas como quien cae en un sueño lúcido: todo es exceso, pero un exceso que tiene alma. Una cosa es ver sus imágenes reproducidas en libros o pantallas; otra muy distinta es plantarse frente a ellas, sentir su escala, dejarse envolver por esa humanidad redonda y generosa que Botero supo tallar y pintar como nadie. Porque detrás de la forma hay un mensaje: un profundo contenido social que el artista colombiano nunca abandonó, y que se hace aún más evidente en un detalle que me pareció hermoso: la entrada al museo es gratuita. Gratuita y abierta, no solo para los colombianos, sino para el mundo entero. Como si el propio Botero hubiera querido que su arte no tuviera dueño.

                           

                             Una figura de Botero, descansa con serenidad

31 de julio: Catedral de Sal de Zipaquirá.

Es bueno despertar mirando una ciudad desconocida, enmarcada por montañas. Las nubes acompañan la buena vista.

Nos pasa a buscar por el hotel el chofer Adonardo: puntual, subimos a su auto y comenzamos a transitar por calles con mucho tráfico. La amabilidad y la forma de comunicar son sus características sobresalientes.

Si bien teníamos alguna información sobre la Catedral de Sal de Zipaquirá, estábamos muy lejos de acercarnos a la realidad.



La indumentaria de los mineros que trabajaron estas galerías durante siglos. 
El túnel de acceso anticipa la escala y la oscuridad de lo que está por venir.

             Las siluetas humanas dan la escala de lo que se viene.


Un ángel tallado en sal anuncia su mensaje en la penumbra de la Catedral. La luz y la sombra se convierten en parte de la obra.

                                             

En las entrañas de la Catedral de Sal. La montaña nos envolvía, la luz hacía el resto.



                    Una lechuza de sal se esconde entre las raíces del árbol tallado.      



Hasta a 180 metros bajo tierra se puede tomar un buen café colombiano. La Catedral tiene su propia cafetería con bebidas temáticas para reponer energías después del recorrido.

                                  

La nave central de la Catedral de Sal de Zipaquirá. Tallada en la roca a 180 metros bajo tierra. Única!! 

  


La nave principal de la Catedral de Sal. Una de las obras de arquitectura religiosa más extraordinarias de América Latina.


Una cruz tallada en la propia roca de sal. Cada estación tiene su propio lenguaje visual, su propia manera de contar la historia.



El instante eterno del toque divino, recreado en mármol en las profundidades de la Catedral. Las grietas de la piedra parecen parte del diseño.


El recorrido sigue las 14 estaciones del Vía Crucis, cada una tallada en sal con esculturas de notable valor artístico.


Al final del recorrido por las distintas estaciones, nos esperaba una sorpresa serena: un espejo de agua de una quietud casi irreal. En ese espacio de penumbra y silencio, los reflejos se multiplican y el agua devuelve imágenes que invitan a detenerse, a respirar, a dejar que el lugar haga su trabajo. Después de tanto caminar y tanto asombro, ese remanso tiene algo de necesario.


De regreso, con la montaña ya en el recuerdo y el sol de Zipaquirá despidiendo.

Cerro Monserrate

Por la noche subimos en funicular al cerro Monserrate. El servicio sale cada diez minutos, así que la espera es breve. La recompensa, en cambio, es enorme: desde la cima, Bogotá aparece iluminada en toda su extensión, una imagen que difícilmente se olvida. Ver la ciudad desde lo alto, de noche, es una de esas experiencias que justifican la subida.


En la cumbre hay restaurantes — entre ellos el San Isidro y el Casa Santa Clara —, cafés y puestos de comida rápida. Al regresar, desde la base se llama a un taxi sin dificultad.

Información útil: El funicular funciona de lunes a sábado de 6:30 a 22:00 hs. y los domingos de 5:30 a 17:00 hs. El último servicio nocturno parte a las 12 de la noche. Conviene llegar con tiempo, ya que suele haber colas para comprar los tickets.


Hacia Cartagena de Indias

El 1 de agosto, un vuelo de LAN nos llevó desde Bogotá hacia Cartagena de Indias. Desde el aire pudimos ver por última vez esa ciudad que tan bien nos había recibido. En esos días de visita intensa fuimos descubriendo la amabilidad y el respeto de los colombianos, una cualidad que nos acompañaría durante todo el viaje.

Al llegar nos instalamos en el hotel Tres Banderas, céntrico, en pleno casco histórico. 

                   

Al llegar nos instalamos en el hotel Tres Banderas, céntrico, en pleno casco histórico. Nuestra experiencia nos dice que es mejor alojarse allí, donde se vive de cerca la riqueza cultural de Cartagena.

Sin perder tiempo salimos a caminar por esas calles angostas: la Torre del Reloj, la Plaza de los Coches, el Portal de los Dulces con sus frascos de dulces típicos alineados bajo los arcos. Una primera noche que terminó con una cena de muy buen sabor en un restaurante cercano al hotel.

                                           

                                                 Portal del dulces.

2 de agosto

Por la mañana recorrimos la ciudad con un guía: iglesias, conventos, plazas, hoteles de lujo que conviven con la piedra colonial. Terminamos con una comida rápida y un descanso bien merecido — el calor y la caminata lo pedían.

Los balcones del Pasaje Badillo, primos hermanos de los que admiramos en Lima: la misma herencia, distinto mar.  

Algunas imágenes que nos atraparon.

Los aldabones de bronce son otra firma de Cartagena: cada puerta, una pequeña obra de arte.

Los arcos del Palacio de la Gobernación, testigos de siglos de historia cartagenera.


Piedra, tiempo y fe: la iglesia de San Pedro Claver, una de las joyas del casco histórico.


  
  Los mercados de artesanías son un festín para los ojos — y una tentación difícil de resistir.

                    El mejor maitre de la ciudad no envejece ni se toma el día libre.


Así lucen por dentro los hoteles de lujo del casco histórico — donde la elegancia tiene siglos de historia.


Por la tarde fuimos hasta la muralla. El sol caía lentamente intentando tocar el mar, y los colores del cielo se iban transformando en algo difícil de nombrar. Nos quedamos en quietud, mirando. Algunas cosas no necesitan palabras.




   Piedra, tiempo y una reja oxidada — la garita de la muralla guarda siglos de silencio.

                                      

La muralla colonial con el Castillo de San Felipe al fondo: la ciudad que supo defenderse del mundo y nunca olvido cómo.

El Monumento a los Zapatos Viejos es uno de los emblemas más queridos de Cartagena. Lo creó el escultor Héctor "Tito" Lombana en 1957 como homenaje al poeta cartagenero Luis Carlos López, apodado el Tuerto, quien en su poema "A mi ciudad nativa" comparó el amor por su ciudad con el cariño que uno siente por sus zapatos viejos. La escultura — dos enormes botas de bronce, una parada y otra recostada — está ubicada detrás del Castillo de San Felipe y es parada obligada para los visitantes.

El día que estuvimos, el monumento estaba tan rodeado de gente que la foto era imposible. Adrián resolvió el problema a su manera: posó con los suyos.

                                

                          

Cartagena a los pies y el Caribe en el horizonte: la vista que regala el Cerro de la Popa.
                                 

De todos los transportes del viaje, ninguno tan colorido, tan ruidoso ni tan divertido como "La Cariñosa".

                             

La Plaza de Santo Domingo con la famosa escultura de Fernando Botero — la mujer recostada en bronce, voluptuosa y serena. Es uno de los lugares más queridos de Cartagena

Caminar Cartagena es vibrar con la literatura de Gabo. Cuando llegamos a su casa, pensábamos, soñábamos, que por allí salía, que lo veíamos, que conversábamos. Qué maravilloso y qué imposible.

                      


Gabo fue en nuestra juventud una compañía, una forma de descubrir otra literatura, de quedarnos en las siestas pensando en ese calor caribeño que él describía como nadie. Llegar a su casa en la Calle del Curato fue cerrar un círculo. Fotografiamos cada rincón posible desde afuera, sin poder entrar, pero sintiéndonos cerca.

                           


"Realmente amo estar en Cartagena; porque soy de allá, ¿comprende? Allá tengo una casa simple, sabrosa, acogedora, con vista al mar y a la ciudad vieja. Es como si fuera mi medio ecológico." Gabriel García Márquez

                               


     También en la noche Cartagena vibra.


Cartagena de noche abre sus puertas. Adentro, la fe. Afuera, la ciudad que no duerme.  

    


Luz cálida de las antorchas contra la noche, las faldas blancas con volados, la simetría perfecta de las dos figuras. Un toque muy turistico que se siente agradable.

                          


"Patagonia — Asados del Sur" en pleno centro histórico de Cartagena, con la bandera argentina colgada, paredes color terracota, ventanas y puerta verde. Un restaurante argentino en Colombia, la sorpresa fue grande. Miramos los precios y decidimos que en el Caribe lo que manda es el pescado. Acertamos.

Primer contacto con el mar. Hacia Isla del Rosario y Barú

15 de agosto

Navegación por mar. Isla del Rosario / Barú.

Llegamos al puerto cuando las últimas embarcaciones estaban por partir. Nuestro plan era conocer Barú, pero nos ofrecieron una alternativa tentadora: visitar la Isla del Rosario con buceo y almuerzo incluidos, para luego navegar hacia Barú.

Dejamos Cartagena en una buseta. Comenzó a llover muy fuerte y en Barranquilla nos cambiaron a otra combi, con lluvia torrencial durante todo el camino, hasta llegar al Hotel Estelar Santamar — un buen hotel ubicado en el sector de Pozos Colorados, aunque no en El Rodadero propiamente.

Las playas que deberían ser de arena blanca estaban contaminadas por el transporte del carbón de piedra que se exporta desde el puerto. Un verdadero desastre ecológico.

  

María Mulata, el ave emblemática de la costa caribeña colombiana, se pasea impávida por la arena oscura de Santa Marta.

Si en aquellos años las arena ya estaban penetradas por el carbón, hoy debe ser prácticamente imposible disfrutar de ese lugar. No es casual que el hotel ya no esté en su mejor momento.

Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía. Hoy tiene carbón, pero no tiene más playa.

Santa Marta nos recibió con su ritmo caribeño y su desorden característico. Comenzamos a andarla resolviendo algunas cuestiones administrativas sobre los pasajes. La ciudad más antigua de Colombia —fundada en 1525— no disimula sus contradicciones: grandeza histórica y caos urbano conviven sin pudor. Las veredas, atiborradas de puestos de vendedores, le dan la espalda a cualquier pretensión turística.                          


Puesto callejero de comida en la vereda, muy típico del centro de Santa Marta.

                           
En Santa Marta hasta el coco tiene nombre propio. El Coco Loco, un clásico de las veredas caribeñas.


                                                          

La plaza mayor de Santa Marta, con su Catedral Basílica, invita a sentarse a la sombra y dejar pasar el tiempo caribeño.

Un gran chaparrón nos obligó a refugiarnos donde un grupo de artesanos ofrecía sus mercaderías. No fue mal refugio.

                                        

Las mochilas wayuu, tejidas a mano con lana y paciencia, son el símbolo artesanal de la costa caribeña colombiana.

Hacia el elogiado Tayrona

Partimos por la mañana hacia el Parque Nacional Natural Tayrona. Atravesamos la ciudad entre la marea habitual de puestos callejeros: comida, frutas y todo lo que la imaginación pueda ofrecer.

                              

Colorido, desvencijado y con nombre de oración. El transporte interno del Parque Tayrona tiene su propia liturgia.

Al ingresar al parque, nuestro destino fue Playa Cristal. Llegamos en una pequeña lancha que nos depositó en la orilla de Neguanje, una playa de aguas totalmente cristalinas que justificó cada kilómetro del camino.

        
Navegación por mar: Isla del Rosario y Barú


Llegamos al puerto cuando las últimas embarcaciones estaban por partir.

 Nuestro plan era conocer Barú, pero nos ofrecieron una alternativa tentadora: visitar la Isla del Rosario con bu

ceo y almuerzo incluidos, para luego navegar hacia Barú. No lo dudamos.


                               

La arquitectura del Caribe: paja, madera y mar. Todo lo que hace falta.

El viaje desde Cartagena lo hicimos en buseta. Comenzó a llover muy fuerte. En Barranquilla nos cambiaron a otra combi bastante deficiente y la lluvia, torrencial, nos acompañó durante todo el camino.

Llegamos al Hotel Estelar Santamar, un excelente hotel ubicado en las cercanías de El Rodadero, aunque no dentro del balneario mismo. Las playas de esta zona están seriamente contaminadas por el transporte de carbón mineral que se exporta desde el puerto. Un desastre ecológico que continúa.

Taganga

Desde el hotel tomamos un taxi hasta Taganga, pueblo de pescadores donde el paisaje se arma con embarcaciones, agua, morros y una costanera con puestos de comida.

En una pequeña embarcación llegamos a Playa Grande, que contradice su nombre: mucha gente para un lugar pequeño. 


   No sé su nombre. Tenía la edad de un sueño y la calma de un viejo marinero

La comida, como en casi todos los lugares, fue mojarra dorada, recién sacada del mar, acompañada con arroz al coco, patacones —banana aplastada y frita— y lechuga  


El menú de la costa: mojarra recién salida del mar, patacones dorados y arroz al coco.




En Playa Grande, el masaje viene con pulgar en alto y sonrisa incluida.



Taganga. Las lanchas descansan entre viaje y viaje, amarradas a la tarde.


No hubo puesta de sol. Hubo algo mejor: esa luz quieta sobre el agua.





Un día de playa, sol, charlas y caminatas. Regresamos en el barquito con la esperanza de ver la puesta de sol en Taganga, pero las nubes hicieron lo suyo. Volvimos al hotel en taxi: ocho pesos desde Santa Marta, veinte desde Taganga.






            Neguanje nos regaló este fondo. Nosotros pusimos las sonrisas.

Decidimos llegar nuevamente al parque Tayrona por mar. Desde Taganga tomamos una lanchita, luego de más de una hora de viaje arribamos a Bahía Concha. Fue un viaje de "Turismo Aventura": el mar zarandeaba el barquito, no daba ningún tipo de seguridad, las olas salpicaban, nos bañaban sin pedir permiso. Personalmente estaba intranquila.

                                 

En medio del zarandeo, este barquito amarillo apareció a nuestro lado. El mar caribe no perdonaba a nadie.


Bahía Concha nos recibió así. Uno entiende por qué vale la pena el viaje en barquito.

Cuando fuimos llegando nos llevaron a hacer snorkel. Playa Alta fue el lugar donde el balsero nos dejó; allí nos ofrecieron un almuerzo. Caminatas, fotografías. El regreso fue mucho más calmo, el viento estaba a favor.

Tomamos un taxi que nos llevó al hotel. Un rato de ciudad en Rodadero y una cena buenísima en "Donde Chucho", un lugar que ya sentíamos propio. Chucho en persona se había encargado de eso: se sentó en nuestra mesa, nos contó su vida, la fiesta de quince que preparaba para su hija. Nos invitó a probar distintos platos sin costo, nos dio vasos con su nombre. No sé si lo hace con todos. Pero con nosotros funcionó. 

Camarones en Donde Chucho. Chucho en persona se sentó con nosotros, nos contó su vida y nos invitó a probar


Otro de los platos que Chucho nos invitó a probar. Mariscos frescos, generosidad sin límite.





Último día de playa

Optamos por el descanso, nos quedamos en la playa del hotel. El día transcurrió entre mar, pileta, palmera, almuerzo en la playa, lecturas, lluvia, sol, fondo de barcos.


Una garza blanca paseaba por la orilla como si la playa fuera suya. Tenía razón.


Bajo las palapas de paja, el tiempo pasaba despacio. Exactamente lo que necesitábamos.






  El Caribe se fue con este atardecer. Difícil decirle adiós.








Tomamos un vuelo desde Santa Marta a Bogotá. Un descanso breve y a caminar. Enfilamos por la Carrera 7 hacia la Plaza Bolívar. Los puestos de venta en la calle son múltiples, variados, bulliciosos. Pasamos frente al Museo Nacional de Arte.

Un domingo en Bogotá es otra cosa. Es mágico. Las calles se vuelven peatonales desde las 7 hasta las 14. Multitudes de familias caminan, corren, pedalean en grupos. Los puestos de comida se agolpan: verduras, frutos típicos, carnes, huevos frescos, chancho asado.

En esa caminata descubrimos el Museo del Oro. Los domingos la entrada es gratuita. De martes a sábado es paga. También entran sin cargo los niños menores de 12 años, los adultos mayores de 60 y los indígenas. La tienda de souvenirs, en cambio, no perdona.


                                                              El patio interior del Museo del Oro: ladrillo colonial, vegetación generosa y una escultura de acero que dialoga con los siglos.





El Museo del Oro nos muestra piezas originales, impactantes, que honran una verdad: su origen indígena precolombino.

   Así se adornaba un cacique. Las piezas de oro dispuestas sobre una silueta humana explican sin palabras lo que ningún texto podría.


 Las piezas están cuidadas, respetadas. Aquí no hubo robo, no hubo saqueo. Fueron recuperadas por el Banco de la República de Colombia, que las fue comprando a coleccionistas privados y rescatando del mercado negro y del huaqueo —el saqueo de tumbas indígenas— en un trabajo enorme que llevó décadas.

Miles de años después, esta figura sigue teniendo algo urgente que decir.

Un doble placer, entonces: maravillarse ante las piezas de oro y cerámica, y saber que este museo pertenece a Colombia, que su colección invaluable se visita, se disfruta, y está al alcance de todos.


La elegancia precolombina: pectoral de oro rodeado de cuentas de concha. Cada pieza, un mundo.





Mitad hombre, mitad ave. El chamán de oro extiende sus alas y su sombra lo acompaña en la pared, como un eco del otro mundo.




La vista magnifica, el descanso merecido







Recuperándonos. Después de tanta maravilla, el cuerpo pide pausa. 







Seguimos hacia la Plaza Simón Bolívar. 

Entramos a la Catedral. 

                                         


La gente ingresa y apoya las bicicletas contra las columnas, como si fuera lo más natural del mundo.



Tomamos un taxi y por circunvalación llegamos a Usaquén. Allí funciona una feria artesanal con mercadería de buena calidad. Es zona de estrato 6: todo cuidado, prolijo, ordenado. Un contraste fuerte con otros rincones de Colombia. Almorzamos muy chévere. Artesanías, caminatas y buseta de regreso.

                         


Los estratos sociales aparecieron varias veces en el viaje. En Barú, durante un almuerzo, un señor que se decía economista nos dio una explicación formal: del 1 al 6, cada uno con su lugar en el mapa social. Después, en Bogotá, el taxista lo mencionaba con absoluta naturalidad mientras recorríamos distintos barrios: "Acá nació Valderrama, el estrato de este barrio es el 2. Seguimos... acá estamos en el 3." Teoría y práctica. La estratificación social está ampliamente arraigada, y nadie parece cuestionarla.

El colombiano por lo general es muy amable, tiene un tono agradable para pedir las cosas: “me regala una firma?”. Suelen acompañarte u orientarte hacia el lugar que quieres llegar.

By, by Bogotá, Colombia. Vuelo de Aerolíneas  Argentina con cierta demora, porque no había pista. 

Hotel Ibis Bogotá Museo — Bogotá Muy buena atención, personal cordial y buen precio en relación al servicio brindado. En la puerta hay un servicio de taxi que, si bien es algo más costoso que los taxis de la calle, ofrece seguridad y calidad. El desayuno es bueno y las habitaciones están limpias. Un detalle: no tiene calefacción. Aunque entregan un calefactor a pedido para la habitación, los espacios comunes son fríos.

Hotel Tres Banderas — Cartagena Muy bien ubicado, en la ciudad amurallada, barrio de San Diego, a una cuadra de la plaza.  El centro y la noche están a un paso. Se puede ir y volver caminando tranquilamente.Hay mucha vigilancia en la zona. El hotel está limpio, cuidado y agradable; el personal siempre orienta y responde las dudas. El desayuno es pobre: en aquel momento una sola camarera debía arreglárselas con todo. Muy eficiente, pero cuando el comedor se llenaba no daba abasto. Es posible que con los años hayan solucionado esta situación.

Hotel Estelar Santamar — Santa Marta Excelente. Los espacios comunes se mantienen limpios y la recepcionista es muy eficiente. Las habitaciones son amplias, con camas y almohadas muy buenas. El desayuno sorprende por su variedad y calidad. Tiene playa privada: entregan toallas, hay mesas y lugares para resguardarse del sol, y también incluyen un café. La evaluación general es excelente. Su problema, en aquel momento, era el carbón mineral: lo que debería ser una playa de arena blanca y agua transparente se había convertido en una playa con arenas mezcladas con carbón y aguas no tan claras. El debate sobre el impacto del carbón en las playas de Santa Marta continúa hasta hoy.

HOTELES DEL VIAJE A COLOMBIA — Datos de contacto

Bogotá — Hotel Ibis Bogotá Museo 📍 Transversal 6 N° 27-85, Centro Internacional 📞 +57 321 490-9395 🌐 all.accor.com/hotel/7318

Cartagena — Hotel Tres Banderas 📍 Calle Cochera del Hobo N° 38-66, Barrio San Diego 📞 +57 5 660-0160 / 660-2112 — Cel: +57 310 366-9116 📧 info@hotel3banderas.com 🌐 hotel3banderas.com

Santa Marta — Hotel Estelar Santamar 📍 Km 8, Pozos Colorados 📞 +57 5 432-8181 — Cel: +57 315 871-9800 🌐 hotelesestelar.com/estelar-santamar




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