10.19.2026

Marruecos : Marrakech

 Marrakech

Llegamos a Marrakech y, después de instalarnos en el Grand Mogador Menara, nos dieron un horario para hacer una visita por la ciudad en calesa.

Recorrido en calesa

Creo que, si no hubiera estado en el programa, no se nos habría ocurrido andar en uno de estos carros tirados por caballos.

                    

                     
                             En la puerta del Grand Mogador Menara, en Marrakech.

Recorrimos gran parte de la ciudad en un anochecer cálido y con mucho tránsito. Los caballos, acostumbrados al ruido y a las bocinas, tiraban de la calesa sin inmutarse. El cochero revoleaba el rebenque por el aire, más como un juego que como una amenaza. A veces se daba vuelta para señalarnos algún monumento o lugar destacado.

Entre las calesas había una verdadera competencia: se pasaban unas a otras, quedaban atrapadas entre los autos, doblaban como podían y competían entre ellas y con cualquiera que se les acercara.

Fue un paseo diferente y entretenido. Más que la ciudad, nos atrapaban las situaciones que se iban creando, casi inesperadas para nosotros.

Marrakech de día

Marrakech asombra por su juego de colores y por sus olores diversos, sobre todo a menta, especias y cuero. Tiene una inquietud permanente y casi inquietante, y el llamado al rezo. Tanta variedad de sensaciones golpea, no da respiro, invade sin pedir permiso.

La charla del argán

Hicimos una parada en una "farmacia", aunque enseguida se vio que la señora, más que farmacéutica, era una vendedora excelente. Nos fue presentando cada producto derivado del argán: este para el dolor, aquel para cocinar, otro para la alergia... para todo había una versión. Hablaba con tanta seguridad y simpatía que, cuando quisimos acordar, estábamos todos comprando. Creo que no quedó nadie sin llevarse algo.

                      


Semillas de argán que me obsequió la vendedora. Gracias, intentaré que alguna de ellas germine.

La plaza Jemaa el-Fna

La gran plaza de Jemaa el-Fna, donde todo ocurre y todo se vende, una de las plazas mas vibrantes que he visto, tiene más de 10.000 metros cuadrados. Por la noche es casi imposible ingresar, porque la gente se agolpa. 


En esta mañana fue un buen recorrido. Ese pasillo donde se ven diversos productos. Alguna ventana que llama la atención para fotografiar.

Palacio de la Bahía

Y al fin llegamos al Palacio de la Bahía, admirable. Se entra por una puerta azul y un arco, con un piso de mosaicos, y al fondo se ve el verde del jardín. Adentro hay patios con fuentes en el centro, que te hacen esperar el agua tan valorada, mosaicos coloridos y yeso tallado. Todo es una muestra de un trabajo artesanal impecable. Acá no había máquinas ni internet… todo se hacía a mano, con paciencia y con tiempo.



Nos llamaron la atención algunos detalles, como las ventanas. Detrás de una reja dorada de hierro forjado se asomaba un techo de madera pintado en rojo, azul y amarillo. Justo estaban restaurando esa zona y se veía a los operarios trabajando. Y el patio blanco y azul de la fuente, con sus arcos y su piso de mosaicos, daba silencio, sombra y mucha luz.



Bello palacio, digno de visitarse. Un buen almuerzo y tarde libre para disfrutar.







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