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10.27.2026

Chefchaouen



 Marruecos, Día 9: Chefchaouen, la ciudad azul (excursión desde Tánger)

Cuando decidimos viajar a Marruecos, Chefchaouen tuvo un peso importante. Las imágenes de esa ciudad me atrapaban, me atraían; no sabía por qué, pero allí estaban esas casas pintadas de azul, ese juego entre paredes y puertas, escaleras con flores que competían con los colores. Jamás pensé en el origen de esa decisión: por qué el azul y el blanco. Hoy, luego de haber disfrutado esas horas en Chefchaouen, recuerdo algunas explicaciones del guía, más algunas lecturas que completan las dudas.

         

Las puertas de madera, con la pintura saltada por el paso de los años, siguen siendo azules. Cada tanto se vuelve a pintar y la ciudad conserva su color

Un callejón de Chefchaouen: muros blancos y azules, una puerta celeste al fondo y el farol que cuelga sobre la calle




Un portal con arco de herradura, madera gastada y pintura azul que se renueva cada tanto.

También, cuando alguien me preguntaba por qué habíamos decidido viajar a Marruecos, solía decir “Voy a Marruecos por Chefchaouen”, y no estaba equivocada: volvería a Chefchaouen.

Callejón Asrih: casas azules, banderines y puestos de artesanías acompañan el paseo por la medina, con la montaña asomando al fondo.

Como el nombre no resulta fácil de recordar hasta que uno se habitúa, llamarla «la Ciudad Azul" es práctico y se recococe enseguida. Chaouen significa “cuernos” en bereber, y Chefchaouen suele traducirse como “mirar los cuernos”, por los picos gemelos de la cordillera del Rif. Chaouen es como la nombran generalmente los marroquíes, y en libros más antiguos, de la época del protectorado español, también aparece como Xauen. Cuando ingresás a la ciudad, esa imagen se impone.

                       

El azul también llega a la plaza, y detrás, las cumbres que le dieron nombre a la ciudad.

Chefchaouen no forma parte del circuito de Europa Mundo, por eso agregamos una noche más en Tánger y desde allí contratamos con Civitatis una excursión de un día. La combi nos pasó a buscar a horario, a las 9 hs, y llegamos en unos 90 minutos. Nos presentaron a nuestro guía, un señor muy conocedor del recorrido, correcto, que demostraba un gran apego hacia la ciudad. Recorrimos caminando las distintas callecitas, y la ciudad nos va atrapando por su arquitectura, por sus puertas de madera gastadas, pero siempre azules.

                                     

Callecitas empedradas, puertas de madera azul y entradas trabajadas: así nos fue cautivando la ciudad

Entre el blanco a la cal y el azul, las casas se van pintando año tras año. No hay duda de que el turismo es una razón fuerte, pero una de las explicaciones sobre su origen es que era una forma de ahuyentar mosquitos e insectos, además de purificar, porque la cal limpia y desinfecta. En el campo argentino, las casas de adobe también se pintaban todos los años con cal, como manera de desinfectar y eliminar alimañas.

                                   

Una esquina de la medina: puertas azules, ventanas con marcos pintados y dos chicos que cruzan la calle.

Entre el azul y la arquitectura de estilo mediterráneo, la ciudad seduce, cautiva.

El secreto del color: el guía se acercó a un negocio y volvió con estas piedras de pigmento azul, con las que se pinta la ciudad.

Hicimos un buen recorrido. Al llegar la hora del almuerzo, se nos invitó a entrar a un restaurante. Trepamos una escalera y, al buscar una vista hacia la plaza, lo único que encontramos fue una mesa frente a un patio interno. Decidimos retirarnos e ir a almorzar a la plaza. Al guía no le agradó mucho, pero un mozo, con un poco de complicidad a nuestro favor, nos indicó la salida.

                           


El azul de las escaleras, los negocios a la espera de los turistas, y nosotros disfrutando Chefchaouen

El corazón de la medina de Chaouen es la Plaza Uta el-Hammam, grande y animada, con una serie de restaurantes donde, sentados afuera, se disfruta de la vida de la ciudad, con sus vendedores, vecinos y turistas. Allí, un tajín nos acompañó. Los restaurantes que se ofrecen tienen las mismas características. Elegimos al azar el que tenía la mesa más cercana a la plaza y donde el sol no molestaba.

                                             


Así se veía la plaza antes de sentarnos a almorzar: sol, empedrado y las banderas rojas sobre la medina.


                                    


Caminamos hacia la salida, desandando algunas calles. Ya fuera de la medina nos fuimos acercando a la combi, que fue puntual, y regresamos con una sonrisa pintada de azul.

Nos vamos de Marruecos, ese destino enigmático, nos vamos después de haber vivido con costumbres tan significativamente distintas. En algunos momentos admirada, en otros inquieta, con lugares como el desierto donde el infinito se transforma en naranja, arriba de dromedarios, disfrutando de espacios soñados, extensos, colosales. Nos vamos de Marruecos después de haber recorrido palacios, medinas, callecitas y vericuetos para penetrar en la vida cotidiana, nos vamos de Marrruecos nos despide un “azul pintado de azul”. ¡¡¡¡Chau Marrueos!!!!

Bslama (بسلامة)

     
                                                            

Chefchaouen

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