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10.19.2026

Marruecos, Día 6: Gargantas de Todra, Tinejdad y el Ksar El Khorbat


 Desde Ouarzazate, la puerta al desierto, llegamos a las Gargantas de Todra. Al ver esas inmensas paredes de roca quise hacer comparaciones, quizás con Talampaya en el color, pero las dimensiones de este macizo del Alto Atlas marroquí son incomparables. El río Todra serpentea a los pies del cañón; según nos contaron, son unos 600 metros de recorrido. A lo largo del camino, autos que ingresan (aunque parecería que no está autorizado) y vendedores que dan color al recorrido.





Gargantas de Todra

Ángel y yo, al pie de las paredes de las Gargantas de Todra: ahí se entiende por qué las dimensiones son incomparables.

El río Todra serpentea a los pies de las paredes 



Vestidos y telas de mil colores colgados contra la roca: los vendedores ponen el color en el camino de la garganta

Estas tierras están pobladas por el pueblo bereber desde siempre, y han conservado su cultura y sus formas de edificación: las kasbahs, antiguas fortalezas construidas con adobe (barro y paja). Y acá, de nuevo, vuelvo a comparar con la Ruta del Adobe, en Catamarca.


Tinejdad y el Ksar El Khorbat

Antes de seguir camino hacia el desierto, nos detuvimos en Tinejdad para visitar el Ksar El Khorbat, un poblado fortificado de adobe que me pareció una de las visitas más interesantes del viaje.         

Bienvenidos al Ksar El Khorbat: la Asociación para el Patrimonio y el Desarrollo Sostenible recibe a los visitantes en esta puerta de adobe.
                     
   

Según leí después, el lugar se estaba desmoronando cuando se lo restauró con técnicas y materiales tradicionales, sumándole algunas comodidades modernas. Hoy cerca de la mitad de las viviendas siguen habitadas y el resto se transformó en museo, alojamiento, restaurante y un taller de artesanías de mujeres. La idea es preservar la historia y la cultura a través de un turismo sostenible que beneficie a toda la comunidad. Se nota al recorrerlo: se sigue construyendo con adobe, pero ya llegaron la electricidad y el agua.

Al ingresar un gran cartel con distintos alfabetos. El oficial el tamazight,  cuando los adolescentes ingresaban a la secundaria fracasaban porque no sabian el árabe, es así que se incorporó obligatoriamente el árabe. El cartel realizado por alumnos demuestra ademas la mano de  Fátima que libera el "mal de ojos" y los malos espírituus,  ⵣ (yaz o aza) que simboliza el hombre libre, y la identidad amazigh.

Ese cartel con distintos alfabetos dice, mejor que cualquier explicación, que el pueblo quiere seguir siendo quien es sin quedarse afuera del mundo.

Entre muros de adobe y vigas de palma, el cable de la luz recorre el pasaje: lo antiguo y lo moderno conviviendo en el Ksar.

Desde que nos explicaron el nombre, el Magreb me quedó resonando: en árabe significa “tierra de la puesta del sol”, el lugar donde el sol se oculta, el occidente. Allí vivieron, y en parte viven todavía, los bereberes nómades, para quienes, según nos contaron, la tierra es de todo el mundo. Esa idea me acompañó mientras recorríamos el poblado, una historia a la vez moderna y antigua.

                       

Miré hacia arriba y no supe adónde mirar primero: rejas trabajadas, adobe, madera antigua y un piso de colores en un solo patio.

Caminamos por pasajes cubiertos, con techos de adobe y vigas de palma, y visitamos el museo, con su telar, las alfombras y las jarras donde se guardaban alquitrán, aceite y dátiles. 

                                          

         Fue una visita corta, pero de las que quedan: un pueblo de adobe que eligió contar su propia historia y recibir al visitante sin dejar de ser quien es  

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